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RUTA nº 392 PROVINCIA DE SEGOVIA Distancia desde Madrid: 60 Kms.
Castilla-León  LOS COGORROS
MIRADORES DE ALTOS VUELOS
Estos cerretes que se alzan junto al puerto de Navacerrada ofrecen vistas espectaculares sobre el pinar de Valsaín

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el puerto de Navacerrada tiene acceso yendo por la carretera de A Coruña (A-6) y desviándose en Villalba por la M-601. Se puede ir en tren de Cercanías (Renfe, tel.: 902 24 0202) haciendo transbordo en Cercedilla, así como en autobuses de la empresa Larrea (tel.: 91-530 4800), que salen desde Moncloa.
senderos, en algunos tramos, con hitos
no habiendo niebla o mucha nieve, cualquier época es buena para realizar esta ruta
Luis López van Dam es el autor de '250 años recorriendo la sierra de Guadarrama' (editorial Werner-Cosmos), libro en el que se describen rutas de diversa dificultad por la zona de los Cogorros
mapa excursionista 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel. 91-534 3257); en su defecto, hoja 18-20 (Cercedilla) del S.G.E. o la 508 del I.G.N.
si vamos con niños pequeños, podemos simplificar el itinerario llegando al Cogorro de Maravillas y volviendo por el mismo camino (cuatro kilómetros; muy fácil)

Gallarza fue aquel capitán que en 1926 voló de de Madrid a Manila en un 'Breguet XIX', el mismo Gallarza que luego sería ministro del Aire (1945-1957) y padre del Gallarza que desde 2001 es jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire. ¿Y por qué nos cuenta usted esto? Pues porque Gallarza se llama el mirador que hay poco más adelante de la residencia de oficiales que dicho ejército tiene en los Cogorros, y porque, viendo el aéreo panorama que en él se disfruta, nos parece que el nombre de familia tan voladora y que ha llegado tan alto le viene al pelo, como pedrada en ojo de boticario.

Si la Virgen de Loreto, patrona de los aviadores, intercede con Zeus nubífero para que no haya niebla, la mirada puede volar sin estorbo desde el mirador Gallarza hasta La Granja, planeando 11 kilómetros sobre el pinar de Valsaín; y, una vez allí, en el confín del bosque, volver sobrevolando Peñalara, Cotos, la loma del Noruego y la Bola del Mundo hasta el puerto de Navacerrada, a un kilómetro escaso del mirador Gallarza. Pero no es éste el único mirador, ni tampoco el mejor, de los Cogorros, como enseguida veremos.

Junto a los bares del puerto (1.860 metros), a mano izquierda según se llega desde Madrid, nace una carretera –sólo para vehículos oficiales– por la que vamos a plantarnos en diez minutos ante la residencia del Ejército del Aire, al final del asfalto. Una estación meteorológica corona el cerrete que se yergue a sus espaldas, el primero de una serie de suaves altos, los denominados Cogorros, de no más de 1.900 metros; suaves de andar, pero no para vivir, como lo demuestran los viejos pinos albares que, a fuerza de luchar con la nevasca, tienen los brazos deformes como culturistas.

En el siguiente cerro, asomado a un saliente rocoso a mano derecha, descubriremos el mirador Gallarza, que ha sido acondicionado en varias ocasiones, la primera en tiempos del ministro. Y, un kilómetro después, alcanzaremos el Cogorro de Maravillas, donde no hay ningún balcón de obra, pero sí un aéreo peñascal que, por su posición más avanzada hacia el norte, abarca mayor panorama. Aquí, viendo despegar y aterrizar a los buitres negros, uno se hace la ilusión de estar en un pacífico portaaviones de dos kilómetros de eslora –eso mide la cresta de los Cogorros–, fondeado en el mar de pinos de Valsaín, a la vista de los tres puertos –Cotos, Navacerrada y Fuenfría– donde tiene sus primeras fuentes el Eresma.

En esta punta o proa rocosa, nos despediremos de los suaves Cogorros para bajar por la empinada loma de la Machorra, siguiendo hacia el noroeste por una senda bien señalizada con hitos. Así, a una hora del inicio o poco más, llegaremos a una praderita llana situada a 1.600 metros de altura –muy cerca de la primera de las Siete Revueltas–, donde nuestro camino forma una especie de tridente con otros dos que se le unen. Para más señas, diremos que un robusto pino, solo en mitad del calvero, parece dirigir el tráfico.

Por el camino de la izquierda, casi en dirección contraria a la que traíamos, arribaremos enseguida a la grande y luminosa pradera de la Machorra y, cruzándola de claro, hacia poniente, bajaremos por sendero marcado con hitos al arroyo del Telégrafo (1.500 metros). A la vera de este afluente del Eresma, discurre una pista forestal asfaltada –la antigua senda de gabarreros del Cañizal–, por la que subiremos hasta verla morir, como a dos horas del inicio, en un cargadero de madera donde confluye el arroyo del Ventoso.

Sin apartarnos en ningún momento del arroyo de la izquierda, que sigue siendo el del Telégrafo, treparemos por la orilla que mejor nos parezca hasta desembocar, antes de cumplirse la tercera hora de marcha, en el camino Schmid. Este concurrido paseo, que recorre la umbría de Siete Picos a 1.800 metros de altura y está profusamente señalizado con círculos amarillos, nos devolverá en media hora más, sin posible extravío, al puerto de Navacerrada.

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