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RUTA nº 369 PROVINCIA DE SEGOVIA Distancia desde Madrid: 74 Kms.
Castilla-León  SENDA ECOLÓGICA DE VALSAÍN
EDUCACIÓN DE REYES
Una ruta didáctica muestra la riqueza natural de este valle segoviano, protegido desde tiempos de Carlos III

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Valsaín tiene el acceso más directo por la carretera de A Coruña (A-6) hasta Villalba, desviándose aquí hacia el puerto de Navacerrada (M-601) y bajando luego en dirección a La Granja (CL-601). El Ceneam se encuentra bien señalizado antes de entrar en la población
senda con estacas de color verde y rojo
el personal del Centro Nacional de Educación Ambiental (Paseo José María Ruiz-Dana s/n; Valsaín; tel.: 921-47 1711) nos proporcionará gratuitamente una guía impresa de ésta y de otras rutas a pie por la zona. Abren todos los días, de 10 a 14 horas y de 16 a 18. También puede obtenerse información sobre las distintas actividades de este centro en la página web www.mma.es/ceneam.
si deseamos prolongar el paseo más allá de la senda ecológica, nos será útil el mapa 'Sierra de Guadarrama', a escala 1:50.000, de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257); en su defecto, puede utilizarse la hoja 18-19 del S.G.E. o la 483 del I.G.N.

Valsaín, según algunos etimólogos, vendría de 'Val Sabinorum', pero cuesta creer que antaño hubiera aquí tantas sabinas y hoy ninguna, salvo que las raptaran los romanos. Otros, más conocedores del terreno, hablan de 'Valle Sano', pero éstos ignoran que la imagen higiénica de la zona es relativamente moderna, pues cuando era propiedad comunal de la ciudad de Segovia –al menos, desde el siglo XII– no eran áreas de recreo lo que se veía a orillas del Eresma, sino una aglomeración de chozos de hacheros y madereros que, al decir de los viejos cronistas, “más simulaba aduar de gitanos o ranchería de salvajes, que lugar habitado por gentes civilizadas”.

Tampoco los reyes de la antigüedad contribuyeron a sanear Valsaín. Habiéndose reservado desde la reconquista el derecho de la caza en estos montes, llegaron en su pasión cinegética a extremos tan delirantes como introducir fieras africanas, tal cual hizo Enrique IV en varias monterías. Una hecatombe que, durante más de cuatro siglos, fue dirigida desde la Casa del Bosque, cuyas ruinas, triste emblema de una edad brutal, aún presiden la población de Valsaín.

Como siempre, tuvo que ser Carlos III quien pusiera orden. A fin de evitar las desarregladas cortas, los incendios y otros desmanes que en este monte se producían, el soberano decidió comprárselo en 1761 a la ciudad de Segovia por cuatro millones de reales. Ese chispazo conservacionista fue el origen de las campañas que efectuarían en Valsaín científicos como José Quer –primer profesor del Jardín Botánico, creado en 1755, y autor de la primera 'Flora española'– o Joaquín María de Castellarnau, pionero en el estudio ornitológico del valle, que gustaba de acampar en la Boca del Asno, rodeado de estos pinares que consideraba “la joya de la riqueza forestal de nuestro país”.

Y también fue el origen del riquísimo legado que hoy suponen para todos los amantes del Guadarrama las 11.000 hectáreas de los montes de Valsaín, con sus más de cien especies de aves nidificantes e infinidad de plantas, sobre las que señorea el pino de Valsaín, el 'pata negra' de los pinos albares. Una herencia que se acrecentó en 1987 al establecerse, en el mismo Valsaín, el Centro Nacional de Educación Ambiental (Ceneam), promovedor de mil iniciativas pedagógicas y divulgativas –exposiciones, talleres, conferencias...–, incluida la senda ecológica que hoy nos ocupa.

El circuito, de una hora de duración, está señalizado con estacas de dos colores: las verdes, que indican en todo momento el rumbo correcto, y las rojas, que están numeradas del 1 al 20 y marcan los principales puntos de interés, en los que es menester hacer una parada para leer las explicaciones del folleto que se entrega en el propio centro. De no hacerse así, la senda se completaría en diez minutos y tendría el mismo valor ecológico que una pista de atletismo.

Se inicia la andadura en la trasera del Ceneam, avanzando entre robles melojos de añosa corpulencia, que son la especie que impera a estas alturas del valle –1.200 metros–, con su cortejo de rosales silvestres, espinos blancos, jaras estepas y líquenes. En este trecho inicial, además, hay un observatorio desde el que no resulta difícil distinguir las aves más frecuentes de la zona –cuervo, corneja, lavandera, carbonero, petirrojo, trepador azul, mirlo y pinzón–, aunque aún sería más fácil si el folleto de marras estuviese impreso en color.

La senda, muy ligeramente ascendente, vira pronto a la diestra para adentrarse en los dominios del pino albar, el árbol más representativo de estos montes. A su sombra corre el arroyo de Peñalara, que marca el punto más distante del inicio la ruta y la hora de regresar al centro reconociendo otras cuatro especies vegetales: enebro, helecho, zarza y muérdago. Allí, junto a la puerta del Ceneam, se yergue una réplica de los mojones con que Carlos III mandó acotar estos montes. No fueron necesarias altas cercas de piedra para protegerlos. Tan sólo estas señales y fe en la educación.

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