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| RUTA nº 366 |
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| CERRO RELIQUIAS | |||||||||
| LA FE Y LAS MONTAÑAS |
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Una de esas montañas milagrosas, el cerro Reliquias, se alza a 1.960 metros en mitad de los montes Carpetanos –la porción del Guadarrama que se extiende desde Peñalara hasta Somosierra–, marcando el límite entre el término segoviano de Matabuena y los madrileños de Villavieja del Lozoya y Gascones. Y debe su nombre, que ya aparece en textos del siglo XIII, a la antigua tradición de subir en romería hasta su cima desde Matabuena para colocar en una vieja columna de piedra una medalla como ofrenda para proteger las mieses de los vientos ábregos que, según se creía, se colaban desde el sur por el cercano puerto de Linera arruinando las cosechas. Gran milagro es que, todavía hoy, cuando ya no hay cosechas que perder, persista en Matabuena la costumbre de subir al cerro Reliquias, el primer día de mayo, para hacer una ofrenda a la Virgen. Y aun mayor que, después de tamaña trepada, en lugar de irse todos a casita a tumbarse en una 'chaise longe' y darse masajes en los pies, la fiesta se prolongue en la dehesa, con baile al son de la gaita y el tamboril, y con consumo –cabe suponer que no muy moderado– de bebidas, cigarrillos y habanos gentileza del Ayuntamiento. ¡Una excursión con 800 metros de desnivel, y se fuman un puro! En busca de la montaña que semejantes milagros obra, el excursionista sale de Matabuena por la calle de la Fuente Buena, ignorando al final de la misma el camino que vira a la derecha, en dirección al cementerio, para seguir de frente por una pista de tierra que enfila rectilínea hacia el sur, directa a la sierra. En lontananza, divisa ya el puerto de Linera y, a su izquierda, el cerro Reliquias.
Una vez en el bosque, la pista describe una larga curva ascendente, de casi dos kilómetros, antes de atravesar por tercera y última vez el arroyo. Pronto confluye con otra pista forestal más trillada que recorre horizontalmente la ladera, y por ella tira el excursionista hacia la derecha, cuidando de coger cinco minutos después un ramal que se desvía a la izquierda para subir en rápido zigzag hasta el límite superior del pinar y, de allí, trazando zetas más amplias, hasta el puerto de Linera. Aunque tres horas le ha costado, la vista bien vale la pena: al sur, la vieja tierra de Buitrago, los embalses del Lozoya y la sierra de la Cabrera; al norte, Pedraza y todas las aldeas que antaño fueron suyas, incluida Matabuena. En otra media hora, caminando hacia la izquierda por toda la cresta, el excursionista alcanza el alto vértice geodésico que corona el cerro Reliquias. En derredor, reconoce los restos de viejas majadas, trincheras de la guerra civil e incluso alguno de los mojones que marcaban la frontera medieval entre las tierras de Buitrago y Pedraza. En cambio, de la cruz de madera de enebro que, según le han dicho en Matabuena, señala el preciso lugar donde se realiza la ofrenda, no encuentra ni rastro. Será que no tiene mucha fe. |
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