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RUTA nº 253 PROVINCIA DE SEGOVIA Distancia desde Madrid: 66 Kms.
Castilla-León  ARROYO DE MINGUETE
CURSO DE VENTAS
Fondas en ruinas jalonan el paseo por este afluente del Eresma, desde las Siete Revueltas a la Fuenfría

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el lugar donde se alzaba la venta de los Mosquitos tiene su acceso más directo por la carretera de La Coruña (A-6) hasta Villalba, la M-601 hasta el puerto de Navacerrada y su prolongación (CL-601) hacia Segovia. Pasadas las Siete Revueltas, y antes de cruzar el puente de la Cantina sobre el Eresma, se verá a mano derecha la casa de guardas forestales frente a la cual nace la pista asfaltada hacia la Fuenfría. Mucha atención: no aparcar en la entrada de la pista, sino más abajo, en la zona del puente de la Cantina, para evitar ser multados por la Guardia Civil
pista forestal asfaltada, pista de tierra y sendero. en parte con marcas de pintura blanca y roja
invierno y primavera son las estaciones en que veremos el arroyo de Minguete con más caudal, pero en realidad cualquier época es buena
mapa 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257)

Uno de los peores síntomas del progreso es que todo quisque viaja zumbando de acá para allá, con la fría determinación de una caterva de zombies, y ya nadie se detiene en el camino ni para cambiarle el agua al canario. La parada y fonda de antaño se ha perdido o, en el mejor de los casos, ha sido derogada por una estación de servicio cuyo único signo de vida es una cajera con acné y menos conversación que un surtidor automático: “Ha elegido usted gasolina súper”.

No hace mucho, cuando las distancias aún se medían en leguas y cambios de tiro, el hoy facílimo tránsito por los puertos del Guadarrama constituía una odisea en la que se entreveraban las jornadas de arrieros y gabarreros, caballeros andantes y vagamundos, arciprestes y serranas, bandoleros y sayones, buscones y busconas. Una odisea cuyo escenario nocturno eran las ventas camineras.

Las ventas nunca fueron –a qué negarlo– pequeños hoteles con encanto. De ahí, seguramente, que no hayan encajado en nuestro pequeño siglo con escrúpulos. Ya en tiempos de Augusto, las ventas establecidas a la vera de las calzadas tenían fama (mala) por su falta de acomodo y por la calidad (dudosa) de sus huéspedes, tanto que a veces se tomaba por casa de lenocinio alguna venta que no lo era. Así, sabemos que Horacio y Mecenas, en su viaje a 'Brundisium' (Brindisi), lo pasaron fatal en semejantes mansiones y que en una de ellas el agua era tan mala que el autor de 'Beatus ille' se fue a la cama sin cenar, echando sin duda pestes de la vida en el campo.

La existencia lúgubre y airada de las ventas es un tópico literario en el que han incurrido no pocos ingenios, incluido su príncipe. Cervantes, en la primera parte del 'Quijote', escribe: “No os dé mucha pena, señora mía, la incomodidad de regalo que aquí falta, pues es propio de las ventas no hallarse en ellas”. Y poco más adelante, se pitorrea: “... que, aunque ventero, todavía soy cristiano”. Azorín recuerda que a algunas ventas “va unida una leyenda trágica; se habla de un crimen terrible, espantoso. El tiempo va pasando, se va esfumando, perdiendo en el olvido el horrible drama, y ahora, al pasar junto a estas ruinas de la venta, aquel recuerdo vago y sangriento se une a estos techos desprendidos, a estas vigas rotas y carcomidas, a estas ventanas vacías y sin maderas”. Y el Duque de Rivas nos pone en situación: “Son ya grandes y espaciosas, ya pequeñas y redondas; pero siempre de aspecto siniestro; colocadas por lo general en hondas cañadas, revueltas y bosques”.

Precisamente tras la última de las Siete Revueltas, bajando del puerto de Navacerrada hacia Valsaín, se alzaba la Venta de los Mosquitos, una de las posadas históricas de la sierra. Hoy, cerca de su solar se alza una casa forestal, y es éste un vacío doloroso para el excursionista que se echa a andar por la pista asfaltada que nace frente a la nueva construcción cavilando en el triste destino de las ventas, los refugios, las majadas y tantas obras buenas como poblaron el Guadarrama y que se han ido perdiendo por la desidia de generaciones que creyeron que en el campo sólo había sol y moscas.

A las dos horas de caminata –remontando el arroyo de Minguete bajo el palio regio del pinar de Valsaín–, la pista desemboca en la fuente de la Reina. Medio kilómetro a mano derecha quedan la pradera y la venta (en ruinas) de la Fuenfría, la 'Fuenfrida' que Cervantes, en 'Rinconete y Cortadillo', encarece como “lugar conocido y famoso por los ilustres pasajeros que por él de continuo pasan”. Mientras que un kilómetro a la izquierda, por el firme sin asfaltar de la carretera de la República, se hallan los restos de Casarás, casa de postas erigida en 1571 por Felipe II y que tomó el nombre de Eraso, secretario del rey. Otra suerte de venta, mas ésta real.

Carretera arriba, el caminante llega en un periquete al puerto de la Fuenfría y piensa, a dos pasos del nacimiento del Minguete, que éste sí que es un curso de ventas, y no lo que enseñan en las ciudades.

El camino de regreso se puede hacer, para variar, por el sendero GR-10.1, que está perfectamente señalizado con marcas de pintura blanca y roja desde el mismo puerto de la Fuenfría.

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