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RUTA nº 008 PROVINCIA DE SEGOVIA Distancia desde Madrid: 96 Kms.
Castilla-León  RUTA DE LOS INGENIEROS
EL MONTE DEL SIGLO
Monumentos, refugios y miradores salpican el bello pinar de Navafría, que fue ordenado hace poco más de 100 años

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el puerto de Navafría tiene acceso por la carretera de Burgos (N-I), desviándose a la altura del kilómetro 69 por la M-604 hasta Lozoya. De este pueblo sale una carreterilla de 11 kilómetros (M-637) que sube al puerto, nada más pasar el cual se hallan, a la izquierda, el refugio y nuestro camino
discurre siempre entre espeso pinar, por lo que resulta muy recomendable en cualquier época del año, tanto para paseantes y ciclistas como -si nieva- para esquiadores de fondo
la Asociación de Ingenieros de Montes publicó un folleto sobre el pinar de Navafría, con motivo del centenario de su ordenación, que puede obtenerse en la madrileña calle del General Arrando, 38, 2ª planta. Más información, en el tel.: 91-319 7422
mapa 'Sierra Norte', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257), donde figuran todos los caminos, refugios, monumentos y miradores de esta ruta

Muchas veces se ha puesto a los ingenieros de montes como chupa de dómine por su monomanía de repoblar con coníferas vastas comarcas serranas donde antes no se habían visto ni en cromo. Esta condena, con ser justa, descuida dos atenuantes. Primera: que los conceptos de biodiversidad y autoctonía son asaz recientes, en tanto que la carrera forestal en España data de 1848. Segunda: que gracias a la planificación ingenieril, bosques históricos que habrían sucumbido al hacha, al carboneo y al sobrepastoreo, han logrado perdurar manteniendo un arduo equilibrio entre aprovechamientos madereros, ganaderos y recreativos. Así, el pinar de Navafría.

En desagravio a los ingenieros que han preservado esta belleza, se nos ha ocurrido una bonita ruta por las cotas altas del pinar de Navafría que, además de unir dos monumentos dedicados a aquéllos, resulta ser casi llana, lo cual supone una ventaja si uno no está muy por la labor de andar desagraviando a nadie. Con la mejor intención, empero, nos llegaremos en coche al puerto de Navafría -linde de Madrid y Segovia, 1.773 metros- y aún avanzaremos medio centenar de metros más para estacionar en un apartadero existente junto a un ruinoso cerco de mampostería. Dentro, si se mira bien, hay una cruz mocha de madera y una roca plana en la que, de no ser porque está tirada bocabajo y pesa un quintal, podría leerse este epitafio: "Caídos por Dios y por España en bravo combate".

Alguien han escrito que es un cementerio de guerra abandonado. (¡Ruinas de la ruina, pobre corral de muertos!, hubiera exclamado Unamuno.) Pero la realidad es un poco menos romántica, pues se trata tan sólo de los restos de un monumento erigido tras la contienda en memoria de los más de 300 hombres que perdieron la vida durante el combate habido los días 24 y 25 de julio de 1936 entre las milicias del comandante Perea, que defendían el puerto, y las tropas del coronel rebelde Serrador, que finalmente lo tomaron.

No es éste, en cualquier caso, el monumento que nos interesa. Al otro lado de la carretera, junto al refugio del Puerto, nace un camino forestal -inicialmente de grava y luego de asfalto- que nos va a conducir, en un grato paseo de dos kilómetros, hasta el mirador de Navalcollado. Un par de monolitos flanquean el acceso a este balcón asomado al pinífero valle que parte en dos el río de las Pozas, tributario del Ceguilla. Sobre los monolitos, sendas lápidas, exornadas con el escudo de los ingenieros de montes -hacha y zapapico entre ramas de laurel y roble-, conmemoran el centenario de la ordenación del pinar, proyectada en 1898 por don Lorenzo Castro.

En una hora, habremos alcanzado la vaguada por la que desciende rumoroso el arroyo del Chorro -una de las primeras fuentes del río Cega- y avistaremos por entre la fronda el refugio de Regajohondo. Será el momento de abandonar el asfalto y tirar a la izquierda por una pista que sube, cruza la corriente y sigue ascendiendo suavemente por un pinar muy aclarado, en el que un puñado de altísimos pinos silvestres se ha salvado de la tala por esas misteriosas leyes de la selvicultura. Media hora después, se presentará una bifurcación en la que deberemos optar por el ramal ascendente, franqueando un portillo. Y cuando de nuevo rebasemos otro, como a dos horas del inicio, veremos junto al camino el monolito consagrado a don José Ferrando Plá, que fue el ingeniero que más años dedicó a la conservación del pinar (1963-1985 y 1990-1991).

El monolito se empina en un sitio impresionante: sobre un espolón del Nevero, a 1.950 metros, atalayando la hondonada por la que baja el arroyo del Artiñuelo en busca de las aguas del Chorro para formar el río Cega, que a su vez se bebe las del Ceguilla y se pierde, dejando atrás el verdinegro pinar, en la parda lontananza segoviana. El tiempo o los vándalos lo derribarán, pero en su lugar se alzará, tarde o temprano, otro monumento: un pino silvestre.

Con fecha 11.01.2015 Roberto Manzano (robermanz1986@gmail.com) nos informa de lo siguiente: "...... hay una serie de indicaciones que aparecen en la descripción de su página web y que no se corresponden con la situación actual del camino. Son las siguientes: en la descripción se señala que hay que dejar el vehículo frente a un muro de mampostería que contiene una cruz y una lápida con una inscripción. Pues bien, actualmente no hay ni rastro de la cruz y la lápida, o bien se halla tumbada boca abajo o bien ha desaparecido, pues lo máximo que se puede leer es un "al", que es muy difícil determinar a qué palabra corresponde. En el tramo final de la ruta, justo cuando hay que tomar la bifurcación ascendente de la izquierda, se indica que hay que cruzar un portillo y antes de llegar al monumento dedicado a José Ferrando Plá, otro. Pues bien, a día de hoy, en esa zona no se encuentra ningún portillo, ni al principio de la senda ascendente, ni al final de la misma. Finalmente, por lo que se refiere al punto final de la ruta, esto es, el monumento dedicado a José Ferrando Plá, nos fue imposible encontrarlo. Seguimos la pista ascendente a la que hacía referencia antes, hasta el nevero donde se supone se encuentra la placa conmemorativa, y no vimos nada. Lo más parecido a un monumento que pudimos encontrar fue un túmulo de piedras, que desconocemos si se encuentra cerca del mencionado monumento."

Todo esto es lo informado y, lamentablemente, no podemos ayudar ya que las incidencias señaladas pueden deberse a una amplia lista de motivos entre los que no hay que descartar vándalos, la propia naturaleza, etc. Estas cosas desafortunadamente no son raras en algunas localizaciones quizás poco transitadas o que el SEPRONA haya intervenido para evitar accidentes a caminantes o cosa similar. De todas formas por medio de estas líneas informamos de la incidencia a todos cuantos visiten nuestra web y estén interesados en esta ruta.

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