RUTA nº 314 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 6 Distancia desde Madrid: 53 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  LA CRUZ DEL MIERLO
VIDA Y MUERTE DE UN CABRERO FILÓSOFO
Esta sepultura de un pastor, oculta en el collado de Valdehalcones, evoca los días de bandidaje en la Pedriza

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a Manzanares el Real se va por la carretera de Colmenar (M-607), tomando la M-609 pasado el kilómetro 35 y después la M-608 a mano izquierda. A la Pedriza se llega saliendo de Manzanares hacia Cerceda por la M-608 y cogiendo por el primer desvío a la derecha; a unos dos kilómetros del control de acceso, dentro ya del parque, se halla el collado de Quebrantaherraduras, con fuente, aparcamiento y señal de vista panorámica. Aquí empieza el paseo. Hay autobuses a Manzanares desde la plaza de Castilla (tel.: 91-359 8109)
hay varias en la primera parte del recorrido sendero, pista forestal asfaltada y campo traviesa: sólo el sendero está señalizado con trazos de pintura blanca y amarilla
El Centro de Educación Ambiental del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares (tel.: 91-853 99 78) proporciona guías de rutas a pie por la Pedriza y organiza excursiones gratuitas con monitor. Está a dos kilómetros de Manzanares, junto al control de acceso a la Pedriza, y abre todos los días de 10.00 a 18.00
sólo aconsejable en invierno por ser una zona muy calurosa
mapa 'La Pedriza del Manzanares', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257)

El Mierlo era, según parece, todo un filósofo (o, por lo menos, todo lo filósofo que podía ser un pastor de la Pedriza en el siglo XIX). El Mierlo pudo haber sido rico y famoso, si hubiese querido, tras auxiliar a una joven aristócrata a la que habían secuestrado los Peseteros, unos bandoleros sin hombría que, por disputas internas relacionadas con el uso carnal de la raptada, acabaron matándose entre ellos en el cancho de los Muertos y dejando abandonada a su suerte a la susodicha, hasta que la encontró el Mierlo y la llevó a Madrid.

Al Mierlo, como es lógico, los papás de la señorita le estuvieron agradecísimos e incluso le ofrecieron, de corazón, quedarse a vivir con ellos a todo lujo. Pero el Mierlo, que pudo haber gozado de comodidades nunca sentidas por carnes de pastor, prefirió volver a la Pedriza con sus cabras, demostrando ser ese “hombre virtuoso y austero que vive retirado y huye de las distracciones y concurrencias” que la Real Academia dice que es un filósofo en cuarta acepción.

Lástima que el Mierlo, pastor de primera y filósofo en cuarta, no fuera también adivino, pues en tal caso no hubiera vuelto a la Pedriza para morir, pocos años después de aquello, a manos de otros bandidos. El lugar: el collado de Valdehalcones, un portacho retirado que se abre a 1.345 metros del altura en la cuerda del Hilo o de los Porrones. La sepultura: cuatro piedras de granito toscamente labradas y dispuestas sobre el terreno en forma de cruz, quizá tal como cayó el Mierlo a tierra cuando sus enemigos lo derribaron.

A pesar de Bernaldo de Quirós afirmó haberla visto en 1920, la cruz cayó en el olvido porque todos creyeron que una historia tan bonita no podía ser más que una leyenda. Y olvidada estuvo hasta que, en 2001, un explorador más terco que el resto, Roberto Fernández Peña, dio con ella, divulgando el paradero exacto de estas rocas humildes, pero cruciales para reconstruir el pasado de la sierra, que hoy vuelven a contar su verdad a quien quiera subir a escucharlas.

A falta de un camino directo hasta la cruz (si lo hubiese, no habría permanecido 80 años perdida), la mejor opción es acercarse dando un rodeíllo desde el collado de Quebrantaherraduras, que está dos kilómetros después de pasar el control de visitantes de la Pedriza. Allí, por el lado del aparcamiento y la fuente, nace una senda marcada con trazos blancos y amarillos por la que subiremos admirando el más bello perfil de la Pedriza, que más parece un furioso mar de granito rompiendo en sucesivas oleadas contra la Cuerda Larga.

En una hora, contando paradas contemplativas, saldremos a una pista forestal asfaltada que recorre la ladera oriental de los Porrones. Bajando por ella 500 metros, hasta el hito del kilómetro 5, y atrochando luego cuesta arriba por entre los pinos de repoblación y las jaras, coronaremos en otra hora el collado de Valdehalcones. Con sólo cruzar la alambrada que aquí separa los términos de Manzanares y El Boalo, y ascender 50 pasos junto a ella, hallaremos la cruz del Mierlo tendida en el suelo, poco más allá de unos corralejos que evocan el viejo uso pastoril de este hoy soledosísimo paraje.

La cruz, con no ser más que un monigote, está en un lugar que ya quisieran muchos ricos para sus panteones. Desde la peña que la resguarda se domina, mirando hacia naciente, toda la Pedriza, el embalse de Santillana y el cerro de San Pedro; mientras que, por la vertiente contraria del collado, la vista vuela desde los caseríos de El Boalo y Mataelpino, acurrucados al pie de la Maliciosa y la bravísima solana de los Porrones, hasta el confín occidental del Guadarrama.

El regreso lo haremos por el mismo lado del collado y después por la pista asfaltada, siguiéndola siempre hacia abajo hasta salir a la carretera de acceso a la Pedriza, a sólo un kilómetro ya del inicio. Así veremos, de paso, la riscosa peña del Mediodía, aquella que regulaba con su sombra los horarios de los viejos moradores de la Pedriza, incluido el Mierlo, que pudo tener reloj de oro y no quiso.

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