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RUTA nº 297
57

Se puede hacer en cualquier época del año Desnivel de 400 a 500 metros

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Comunidad Autónoma de Madrid  COMUNIDAD AUTONOMA DE MADRID - ZONA 6
FUENTES DE LA FUENFRÍA

EL CAMINO MÁS DULCE
Nueve manantiales jalonan un paseo por este valle de Cercedilla, el más rico en aguas de toda la región

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Cercedilla tiene facil acceso yendo por la carretera de A Coruña (A-6) y la antigua N-VI hasta Guadarrama, para desviarse a la salida de este pueblo a la derecha por la M-622. Hay trenes de Cercanías-Renfe (tel.: 902 24 0202). Unos metros más arriba de la estación, nace la carretera de las Dehesas (M-966), que en poco más de tres kilómetros lleva hasta el aparcamiento del restaurante Casa Cirilo, punto de partida de esta excursión
el centro de información Valle de la Fuenfría (carretera de las Dehesas, km., 2; tel.: 91-852 2213) dispone de personal y material adecuado –planos, croquis, folletos...– para ayudarnos a realizar éste y otros itinerarios por la zona. Más datos sobre Cercedilla y su entorno en la página web: www.pueblos-net.com/cercedilla/
hay que tener en cuenta que en invierno la nieve ralentiza la marcha
para reservar en Casa Cirilo y encargar un cochinillo o un cordero asados en horno de leña, llamar al tel.: 91-852 0241
mapa 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde (tel. 91-534 3257); en su defecto, hoja 18-20 del S.G.E. o la 508 del I.G.N.
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En el montuoso término de Cercedilla hay, si los mapas no mienten, 72 fuentes. Por orden de fama, encabeza la lista la de los Geólogos, que está en la subida al puerto de Navacerrada y que más gente no atraería ni aunque surtiese cava. Le sigue de cerca la del Helecharón, que durante medio siglo XX abasteció de agua corriente a la población y dio pie al decir: “El que viene a Cercedilla y bebe del Helecharón, se queda aquí para siempre y se trae un familión”. Están la de Matalobos, la del Bolo, la del Barrancón... Y así hasta llegar a esas fuentes de escaso nombre y malo, como la del Coñito o la de la Sanguijuela, de las que pocos saben y, menos aún, a qué.

La mayoría de esas fuentes –alrededor de 50– se hallan en el valle de la Fuenfría, que no es un topónimo puesto a la ligera sino la gélida realidad de numerosos manantiales que no rebasan los seis grados de temperatura en pleno estío. Muchas de ellas son chorrillos montaraces, venas sin caño ni pilón que se desangran en un tolladar para exclusivo solaz de las libélulas. Mas abundan también los veneros canalizados y con murete de presentación, que es la mínima arquitectura que el bebiente precisa para sentirse a gusto y confiado mientras hace la reverencia de rigor. Nueve de estas fuentes acondicionadas jalonan el paseo que hoy vamos a dar.

Empezaremos la andadura visitando la fuente de la Teja, que está casi al final de la carretera de las Dehesas, junto al aparcamiento que hay frente al restaurante Casa Cirilo, en mitad de la espléndida pradera. Y después bajaremos por la misma carretera unos 300 metros para, nada más rebasar la residencia Lucas Olozábal, salirnos a la izquierda siguiendo una vereda marcada con círculos de pintura naranja que pasa por delante de la fuente del Tercer Retén –segunda de la jornada–, cruza el río de la Venta por una pasadera de madera y dobla a la izquierda para ascender en zigzag por la ladera oriental del valle, entre espeso boscaje de pinos silvestres.

Por la vereda de los Encuentros, que así se llama, y luego por la Alta, igualmente señalizada, llegaremos en una hora a la fuente del Pocito, que estaba medio perdida y fue recuperada en 2000 con motivo de la fiesta montañera del Aurrulaque, cuyo promotor, Antonio Sáenz de Miera, adorna todos los años el valle con un monumento nuevo, en este caso bonito y provechoso. Poco más arriba pasa la carretera forestal de la República, por la que subiremos en media hora más a la pradera de Navarrulaque, cuya fuente-refugio aúna las dos únicas caridades saludables –abrigo y agua– que a un caminante pueden hacérsele desde que el pan engorda y el tabaco mata.

Sin dejar el suave trazado de la carretera de la República, y tras dos horas de marcha, arribaremos a la fuente –y van cinco– de Antón Ruiz de Velasco, bautizada así en memoria de un destacado miembro de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara. Y media hora después coronaremos el puerto de la Fuenfría, a cien metros del cual, en la vereda que lleva al de Navacerrada –senda de los Cospes–, la fuente del Puerto riega la rosa de los mil caminos que irradian de esta divisoria entre el valle madrileño de la Fuenfría y el segoviano de Valsaín, endulzando más gaznates de montañeros, jinetes y ciclistas que ninguna otra en toda la sierra.

Una hora más –tres y media en total– nos llevará volver al fondo del valle por el más antiguo y directo de esos caminos: la calzada romana. Durante la bajada veremos, eternas y brillantes como las losas del 'pavimentum', las aguas manantías de las fuentes de Peñalara, a la vera del albergue erigido en 1918 por esta sociedad en la pradera de los Corralillos; de la Salud, junto al puente del Descalzo, y –novena y última– de Majavilán, en el aparcamiento del mismo nombre, a 500 metros del punto de partida. Ni que decir tiene que, para esta ruta, sobra la cantimplora. Y que sería una lástima, habiendo espacio en el morral, no echar doble ración de vino.

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