RUTA nº 259 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 6 Distancia desde Madrid: 57 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  VEREDAS DE LA FUENFRÍA
CAMINOS DE MADERA
Sendas usadas antaño por leñadores y gabarreros recorren toda la ladera oriental de este valle de Cercedilla

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a Cercedilla iremos por la carretera de A Coruña (A-6) y la antigua N-VI hasta Guadarrama, para desviarse a la salida de este pueblo a la derecha por la M-622. Hay trenes de Cercanías-Renfe (tel.: 902 24 0202). Unos metros más arriba de la estación, nace la carretera de las Dehesas (M-966), que en poco más de tres kilómetros lleva hasta el aparcamiento del restaurante Casa Cirilo, punto de partida de esta excursión
a lo largo del recorrido círculos amarillos y luego naranja. Ideal para iniciarse en el senderismo -basta seguir la señalización - en cualquier época del año
aparcamiento frente a Casa Cirilo
el centro de información Valle de la Fuenfría (carretera de las Dehesas, km. 2; Tel. 91 852 22 13) dispone de personal y material adecuado -planos, croquis, folletos...- para ayudarnos a realizar éste y otros itinerarios por la zona. Más datos sobre Cercedilla y su entorno, en la página web: http://www.pueblos-net.com/cercedilla
mapa 'Sierra de Guadarrama' (escala 1:50.000), de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38)
para reservar en Casa Cirilo y encargar un cochinillo o un cordero asados en horno de leña, llamar al Tel. 91 852 02 41

Como escarpias se nos ponen los pelos cuando oímos a los viejos leñadores de Cercedilla contar cómo subían hace 50 años con su cuadrilla por el valle de la Fuenfría en pleno invierno, turnándose en cabeza para hacer huella –entonces nevaba a capazos–, y una vez llegados a la corta, desenterraban de la nieve su hacha de cuatro kilos y le daban sin parar durante ocho horas. Subían el lunes y bajaban el sábado, y allá que se estaban sin más resguardo que un chozo, cortando, desramando y pelando dos o tres pinos diarios por barba –cuatro en el mejor de los casos– para sacar 12 o 16 pesetas por árbol, dependiendo de si les contrataban con o sin seguro.

Desde octubre hasta marzo, los 10 o 12 leñadores que componían cada cuadrilla faenaban formando parejas equilibradas: el zurdo con el diestro, el mañoso con el bisoño, y así. Ello disminuía el riesgo de accidentes, pero no del todo. “Un día, no más volver de la mili, subí a las ocho al monte y a las doce ya estaba en la casa de socorro con un buen corte”, recuerda Miguel Martín, que también evoca lances como el del compañero que salvó la vida al protegerse tras una roca de un pino que rodó ladera abajo; o el de aquél que quedó atrapado bajo un tronco y sólo entre Martín y otro hombre se bastaron para alzar el palo a pulso y sacarlo de allí.

El resto del año, hasta que el Ayuntamiento volvía a subastar los pinos y los maderistas a ajustarse con las cuadrillas, Martín y compañía trabajaban de gabarreros: esto es, haciendo leña de los árboles caídos y bajándola en caballerías al pueblo. Era toda una vida dedicada a la madera. En realidad, toda una historia, pues ya en 1568, durante la obra del Escorial, un ayudante de Pedro del Hoyo, secretario de Felipe II, le decía a aquél en una misiva: “Los de Çerezedilla se han conçertado de traer de Valsabin mill y trezientas vigas a siete Reales cada una, con otra condiçion que las han de tener baxadas del puerto... antes de que estorbe la nieve”.

Para recorrer alguna de las antiguas sendas de los leñadores y gabarreros, tomaremos como punto de partida el aparcamiento que hay justo enfrente del restaurante Casa Cirilo, en pleno valle de la Fuenfría, casi al final de la carretera de las Dehesas. Por esa misma carretera descenderemos a pie unos 300 metros para, nada más rebasar la residencia Lucas Olozábal, salirnos a la izquierda siguiendo una vereda marcada con círculos de pintura amarilla que pasa por delante de la fuente del Tercer Retén, cruza el río de la Venta por una pasadera de madera y asciende –tan suavemente, que a ratos se nos antojará llana– por la ladera oriental del valle.

Se trata de la vereda del Ángel. Quién fue este Ángel –si una ampa criatura celestial o un cetrino hachero 'parrao'–, lo ignoramos. El caso es que en tres cuartos de hora nos conducirá por el pinar hasta un verde collado conocido como raso de Pedro Morales. Aquí viraremos a la izquierda, rastreando las marcas amarillas, para subir en otro tanto por una empinada senda de gabarreros que lleva al mirador de Luis Rosales y, poco más adelante, al de Vicente Aleixandre. De estos poéticos y archifamosos observatorios sólo diremos que, vistas más completas de la sierra, sólo las hay desde los aviones que hacen el trayecto Madrid-Santiago de Compostela.

Justo por detrás del mirador más alto pasa la llamada carretera de la República, una ancha pista de tierra que seguiremos en sentido descendente para desviarnos cinco minutos después a la izquierda por la vereda Alta, que está bien señalizada con un letrero y círculos naranjas. Sin perder de vista éstos, pronto enlazaremos con la zigzagueante vereda de los Encuentros, la cual nos hará salir de nuevo junto a la fuente del Tercer Retén y el punto de partida. Antaño, cuando terminaban la faena, los leñadores lo festejaban merendando en casa del tío Cervecero. Bien estará, por tanto, que nosotros rematemos la nuestra con un cochinillo en Casa Cirilo.

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