Indice de escapadas tematicas Página principal de DESTINOS CULTURALES Página índice de las rutas por OTRAS PROVINCIAS Página índice de las rutas por TOLEDO Página índice de las rutas por SEGOVIA Página índice de las rutas por GUADALAJARA Página índice de las rutas por CUENCA Página principal de Madrid Derechos de COPYRIGHT Contacta con nosotros Buscador dentro de esta web Páginas de ayuda Entrada a la web Página índice de las rutas por AVILA Noticias RSS Indice de rutas senderistas
 
RUTA nº 069
55
Para verano, otoño e invierno Desnivel de 100 a 200 metros
Imprimir esta página
Comunidad Autónoma de Madrid  COMUNIDAD AUTONOMA DE MADRID - ZONA 6
EL PINO DE LA CADENA

A SU QUERIDA MEMORIA
Este monumento vivo al amor filial se alza en el camino de la pradera de las Cortes al Ventorrillo (Cercedilla)

.
.
el embalse de Navalmedio tiene acceso yendo por la carretera de A Coruña (A-6) hasta Villalba, para seguir por la M-601 hacia el puerto de Navacerrada y desviarse a la izquierda en el kilómetro 12,700, junto a La Fonda Real. También se puede subir caminando en media hora desde Cercedilla por la prolongación de la avenida de Manuel González de Amezúa –la calle del polideportivo–. A Cercedilla llevan los autobuses de Larrea (tel.: 91-530 4800) y los trenes de Cercanías (tel.: 902 24 0202)
no hay fuentes
ideal para verano por discurrir a la sombra del pinar y junto al río Navalmedio, que puede ser un plan perfecto para salir con niños
Francisco Javier Cantero Desmartines y Antonio López Lillo son los autores de Arboles singulares de Madrid, inventario arbóreo de la Comunidad de Madrid – editado por la misma en 1995 – en el que se incluyen más datos sobre el pino de la Cadena
aunque es casi imposible perderse en esta zona, no está de más llevar la hoja 18-20 (Cercedilla) del Servicio Geográfico del Ejército, o el mapa 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde
.
En el verano de 1924, don Ricardo Urgoitiz, director a la sazón del diario 'El Sol', pasaba unos días en el chalé que el Club Alpino Español poseía en el Ventorrillo (Cercedilla) cuando vinieron a avisarle de la muerte de su padre. Hombre de costumbres, don Ricardo tenía, entre otras, la de pasearse todas las mañanas por el camino de la pradera de las Cortes y la de demorarse, a cierta altura del mismo, leyendo recostado en un pino de su gusto: el regente del albergue, Isidro Jiménez, sabía que lo encontraría allí. Isidro, que fue el mensajero de la mala nueva, le contó este sucedido a su hijo Cipriano, quien a su vez, ya septuagenario, nos lo refirió a nosotros.

Simetrías del destino, aquel pino albar acababa de ser señalado para el corte. Don Ricardo, a pesar de su dolor, reparó en esa secreta alianza de hachas y guadañas y no la quiso permitir: localizó al maderista, le compró el ejemplar y dispuso que se le ciñera la base del tronco con una gruesa cadena de cuyos eslabones pendían las letras de un escueto epitafio: “A su querida memoria, 1840-1924”. ¡Qué antiguo misterio es la sociedad de los árboles y los muertos! ¿Será preciso decir que le estaba dedicando a su padre algo más que un símbolo de larga vida: un árbol concreto, un ser vivo con su savia, su simiente, su ansia de sol y su carne de madera tremando en los días de ventisca y las noches de lobos; con su sombra, su vereda, sus hermanos, su río Navalmedio y su sierra de Guadarrama?

Más de tres cuartos de siglo han pasado desde entonces por el Ventorrillo. Ya no es aquel paraje agreste y remoto al que los primeros esquiadores subían a 'patinar' caminando desde la estación de Cercedilla. El refugio que construyó en 1907 Manuel González de Amezúa –y que amplió en 1909, al poco de fundar el Club Alpino Español– fue demolido tras la guerra. Residencias bancarias, cocheras de máquinas quitanieves y otros edificios salpican hoy esta ajetreada curva de la carretera del puerto de Navacerrada. Pero muy cerca, a la vera del camino de la pradera de las Cortes, el pino de la Cadena sigue hablando con palabras de hierro a los paseantes y a los guardas forestales que, cada cierto tiempo, abren el candado y lo pasan por el siguiente eslabón para evitar que el árbol se estrangule.

En vez de acercarnos al pino de la Cadena bajando desde el Ventorrillo, que ahora es un sitio de mucho tráfago y poco carácter, vamos a hacerlo remontando el valle desde la presa de Navalmedio, a donde nos llegaremos en coche por la carreterilla que se desvía a la izquierda de la M-601 (Villalba-puerto de Navacerrada) junto al restaurante La Fonda Real. Tras recorrer dos kilómetros de asfalto maltrecho, aparcaremos junto a la valla que rodea el embalse y nos echaremos a andar por la pista de tierra que nace allí mismo, a mano derecha, tras una barrera verde que impide el paso de vehículos.

Ascendiendo siempre por el frondoso pinar, el camino cruza enseguida el río Navalmedio, bordea luego una serie de praderas –la mayor de todas, la de las Cortes, en la que yacen las ruinas de un campamento juvenil– y, tras salvar de nuevo la corriente, vira bruscamente a la derecha para llegar a la altura del pino como a tres cuartos de hora del inicio. A sus 175 años, no está ciertamente en la flor de la vida. De hecho, algunas de sus ramas están secas y diríase que lo único que aún lo ata a este mundo es la cadena que abraza amorosamente su tronco de cuatro metros de circunferencia, doble símbolo de amor filial y de amor a la naturaleza.

En la siguiente bifurcación de la pista, tomaremos por el ramal de la derecha –el de la izquierda nos llevaría al puerto de Navacerrada–, que discurre llano hasta el Ventorrillo. Entre el garaje de las máquinas quitanieves y la casilla del Icona, nace un camino que, tras franquear un rústico portillo de alambre y bances de madera, desciende derecho hacia el embalse de Navalmedio. Es el viejo atajo del Calvario, casi tan viejo como el pino de la Cadena.

.