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| RUTA nº 049 | COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 5 | Distancia desde Madrid: 41 Kms. |
| CAMINO SOBRE LAS AGUAS Parajes inéditos. Una conducción de 1859 permite recorrer el agreste cañón que surca el río Guadalix cerca de El Molar |
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A quien anda mucho por el monte no le cabe en la cabeza, aun sin ser geólogo, que se escogiera precisamente una hoz de la sierra de Patones caliza y, por ende, muy permeable para embalsar el Lozoya. Ni tampoco que, en tan sólo seis meses de 1859, a los responsables del desaguisado les diera tiempo de construir, así fuese a fuerza de látigo, una presa auxiliar en el río Guadalix y una conducción de cuatro kilómetros presa y canal del Mesto que conectaba con la del Lozoya en las cercanías de El Molar. El caso es que, con ser hijo de la prisa y sobrino de la chapucería, el canal del Mesto palió antaño las carencias del Pontón y hogaño es, merced a su cubierta llana de tierra, un señor camino para recorrer el anfractuoso y selvático cañón del Guadalix, que de otro modo sería intransitable. A quien anda mucho por el monte, le ha de agradar una ruta que, partiendo de la plaza del Ayuntamiento de El Molar, sigue el camino asfaltado del cementerio y, al llegar al camposanto, vira a la derecha para, 150 metros más adelante, doblar a mano contraria por una pista señalizada hacia el canal del Mesto. Dicha pista baja culebreando por un vallejo lateral del Guadalix perteneciente ya al término de Pedrezuela y, nada más rebasar una casa del Canal de Isabel II, enlaza en la orilla misma del río con la plataforma del canal del Mesto, como a una hora del inicio. Antes de continuar por ésta, empero, habrá que remontar el río unos pocos metros para contemplar la curiosa presa donde tiene su origen la conducción: se trata de un espeso muro de sillares de gneis, de unos 25 metros de longitud, que forma una masa perfectamente compenetrada con los peñascos del cauce, casi como si no fuera una obra de hombres sino una extraña cristalización de la roca subyacente. A quien anda mucho por el monte, no hollando por lo común más que trochas de vacas, la plataforma del canal del Mesto le parece todo un lujo. Cual ancha terraza, se abre paso sin estorbo entre las carrascas y los enebros que tapizan la cada vez más escarpada margen izquierda del Guadalix. Y como se mantiene siempre horizontal salvo al pasar por la peña del Águila, donde se transforma durante un breve trecho en un abrupto y sinuoso sendero, ofrece al caminante, sin ningún esfuerzo de su parte, el espectáculo del río ahondándose más y más en la garganta con su corte de alisos; que por eso le dijeron los moros 'guad-alix': río de los alisos. A quien anda mucho por el monte, los cuatro kilómetros del canal una hora escasa desde la presa se le pasan en un decir amén. No se le pasan, en cambio, las profundas transformaciones que sufre el paisaje en los últimos hectómetros, pues, dejando atrás las grisáceas rocas silíceas mayormente gneis, el río atraviesa una estrecha faja de rubias calizas para salir repentinamente de su cañón al llano arenoso donde lo recibe el pueblo de San Agustín. Y es precisamente en el borde de este alto escalón que marca el límite exacto entre la sierra y la llanura, donde la plataforma desemboca en una pista asfaltada del Canal de Isabel II que, siguiéndola siempre en dirección ascendente, va a dar a la carretera de Burgos entre las últimas casas de El Molar, a un kilómetro de la plaza.
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