RUTA nº 032 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 5 Distancia desde Madrid: 35 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  PUENTES DEL MANZANARES
VIEJOS ARCOS SIN FECHAS
Dos pasos de posible origen romano jalonan la senda que remonta el río por el solitario oeste de Colmenar

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el puente desde el que se emprende la caminata está a tres kilómetros y medio de Colmenar Viejo, junto a la carretera que lleva a Hoyo de Manzanares (M-618). Colmenar Viejo tiene acceso por la autovía M-607, que dispone asimismo de carril-bici. Hay autobuses de la empresa Herederos de J. Colmenarejo (tel.: 91 359 8109) desde la plaza de Castilla
recomendable desde mediados de otoño hasta principios de primavera, porque el resto del año la garganta del Manzanares es un infierno
el ingeniero de caminos Leonardo Fernández Troyano es el autor de Los pasos históricos de la sierra de Guadarrama (Editorial Paraninfo, teléfono 91 446 3350), un soberbio estudio en el que se pueden encontrar más detalles sobre los puentes del Grajal y del Batán, así como sobre las vías romanas a su paso por la región
mapa Sierra de Guadarrama, a escala 1:50.000, editado por La Tienda Verde (calle de Maudes, 23 y 38)

Desde que en el siglo XVII Bergier metió la pata al atribuir a las calzadas romanas las mismas capas de pavimento que Vitrubio recomendaba para las habitaciones –'statumen', 'rudus', 'nucleus' y 'summun dorsum'–, no ha habido camino empedrado que no halla sido considerado primo-hermano de la vía Apia, y así es rara la aldea gala, lusa o española que hoy no se jacta de conservar un trechito de Roma. Lo cierto es que, según indicó Tito Livio en 174 a. de C., las vías sólo se pavimentaban en las travesías urbanas; o sea, que la mayoría de las calzadas son medievales, y muchas vías romanas –de arena o grava– se han perdido en el polvo de los tiempos.

Por el Itinerario de Antonino (siglo III) y unas pocas piedras, sabemos que nuestra región era atravesada 'in illo tempore' por una vía que, procedente de Zamora y Segovia, cruzaba la sierra por el puerto de la Fuenfría y bajaba hasta Titulcia, donde viraba bruscamente hacia el noreste y seguía hacia Zaragoza. Pero diversos estudiosos han hecho notar que tenían que existir vías secundarias, de las que no ha quedado memoria, para ir, por ejemplo, de la Fuenfría a 'Complutum' (Alcalá de Henares) sin dar un rodeo de más de cien kilómetros por el sur de Madrid. Éstas correrían por la rampa de la sierra siguiendo, 'grosso modo', el trazado actual de las carreteras M-607 (tramo Navacerrada-Colmenar) y M-618 (de Torrelodones a Colmenar por Hoyo de Manzanares). La existencia de dos viejos puentes sobre el Manzanares muy cerca de estas carreteras, en el término de Colmenar, parece apoyar tal hipótesis.

El primero que vamos visitar, el del Grajal, se halla a tres kilómetros y medio de Colmenar yendo por la carretera de Hoyo de Manzanares (M-618), la cual salva el río por otro puente construido en el siglo XIX tan pegado al anterior, que literalmente lo ahoga. Presenta una rasante alomada y un solo arco de diez metros de luz y algo menos de tres de ancho, con dovelas irregulares, detalle éste que hace dudar a los peritos de su origen romano, pues los maestros clásicos en el arte de pontear eran unos fanáticos de la geometría.

Sea lo que fuese en su día, esta bella puente arrumbada en la garganta granítica del Manzanares va a ser hoy el punto de partida de un grato paseo por la margen izquierda del río, el cual vamos a remontar siguiendo la plataforma por la que discurre enterrado el canal de Santillana. Este camino, llano y evidente al principio, desaparece bajo un farallón no más pasar la cercana presa del Grajal, siendo sustituido entonces por una repisa de cemento que bordea la pared vertical de la roca; surge de nuevo tras el peñón y, a un cuarto de hora del inicio, se extingue definitivamente en la central de Navallar, donde una lápida recuerda que fue inaugurada en 1900, siendo la primera en suministrar energía hidroeléctrica a Madrid.

Rebasada la central, tomaremos un sendero sinuoso que corre a media altura para eludir los tajos y la espesura de sauces y de zarzas que impiden la progesión por la misma orilla del río. Por él avanzaremos lo que resta de camino, en medio de una soledad imponente, culebreando por entre bosquetes de enebros y encinas achaparradas que rara vez ocultan el panorama que se presenta, allá al fondo, de la rubia Pedriza y de la Cuerda Larga, cuyas nieves lleva aún en la sangre espumeante este impetuoso Manzanares.

Tras dos horas de suave andar, nos toparemos con el moderno puente por el que cruza la garganta la carretera de Colmenar a Navacerrada (M-607) y, pocos metros más adelante, con el anciano puente del Batán: un arco de diez metros y medio de luz y casi cuatro de ancho, con dovelado regular, más del tipo romano. Como el del Grajal, está afeado por la proximidad del puente nuevo y, para más inri, le han colocado a guisa de quitamiedos –pues no tiene pretil– dos vallas de alambre que le sientan como a un Cristo un par de pistolas. O como a una cuadriga un par de retrovisores, ya que la cosa va de romanos.

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