RUTA nº 143 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 4 Distancia desde Madrid: 48 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  DESPOBLADO DE VALMORES
MUERTE ENTRE LOS OLMOS
Un paseo de Nuevo Baztán al valle del arroyo de la Vega, en busca de las ruinas de una aldea maldita

         Imprimir esta página

para ir a Nuevo Baztán el camino más corto es por la carretera de Barcelona (N-II) hasta Torrejón, para seguir por la M-206 hasta Loeches y por la M-219 hasta Nuevo Baztán. Hay autobuses de la empresa Argabús (tel.: 91-433 9149), con salida del intercambiador de la avenida de América
plaza mayor de Nuevo Baztán
esta senda puede ser realizada por profesores y alumnos con monitores especializados. Más detalles, en el taller Las Acacias (tel: 91-465 45 99) o en el teléfono de información ambiental de la Consejería de Medio Ambiente: 901 525 525
Juan Miguel Sánchez Vigil es el autor de 'Un mago en la Corte' (Ediciones Gaviota), recopilación de leyendas madrileñas entre las que figura la de la maldición de Valmores. Barrios Montenegro y otros han escrito 'Senda de Valmores (Nuevo Baztán), unidad didáctica de educación ambiental número 7', editada por la Comunidad de Madrid
hoja 20-22 (Alcalá de Henares) del Servicio Geográfico del Ejército, o 560 del Instituto Geográfico Nacional

Época: siglo XVIII. Lugar: entre Nuevo Baztán y Olmeda de las Fuentes, junto al arroyo de la Vega, regato que taja estos páramos del sureste madrileño haciendo aflorar la cal de su osamenta. Allí y entonces, la leyenda sitúa la tragedia de Valmores, pueblo sometido al dominio de una mala señora que, no contenta con tener a todas las vecinas esclavizadas como chachas, quiso camelarse a un joven labriego, el cual aprovechó la coyuntura –o, más bien, la coyunda– para negociar la liberación de las mujeres y pirárselas acto seguido, pero hete aquí que la pécora lo persiguió y le dio matarile en la iglesia, y de ahí la maldición divina que asoló Valmores.

Muy cerca de aquí, y más o menos por las mismas calendas, hacia 1710, el magnate navarro Juan de Goyeneche, partidario de la instauración borbónica y del colbertismo como fórmulas para acabar con los males de España, fundaba Nuevo Baztán, un señorío artesanal con palacio, iglesia, casas de oficios, fábricas de paños, vidrio, papel, licores, zapatos..., todo sobre planos de Churriguera. Pero, tras 25 años de prosperidad, el sueño acabó al morir su soñador, legándonos a los madrileños del futuro un soberbio pueblo de piedra caliza donde unos cuantos particulares –algunos de ellos, modernos artesanos– conviven en paz con los fantasmas del palacio vacío.

El paseo que nos va a permitir codearnos con los espectros de ambos pueblos, el soñado y el maldito, comienza en la plaza Mayor de Nuevo Baztán, a la sombra de la iglesia de San Francisco Javier y de centenarios pinos carrascos y ciclamores de rosa flor. De ella saldremos por la avenida del Palacio –pétrea y rectilínea, como todo en este lugar cuadriculado–, al final de cual, donde se junta con la carretera de Alcalá, veremos nacer dos caminos a manderecha: uno perpendicular –el del cementerio– y otro que se aleja oblicuamente hacia el noreste. Por este último avanzaremos entre campos de cereales y restos del encinar que tapizaba antaño este páramo arcilloso.

Como a 500 metros del pueblo, se presenta una bifurcación en la que hay que optar por el ramal de la derecha, el cual conduce en suave descenso hacia el arroyo de la Vega a través de un pinar de repoblación –aquí se esconde, a mano izquierda, un viejo horno de cal– y una selva de encinas y quejigos. Llegados al borde del alto páramo y la honda vega, avistaremos en la ladera contraria del valle la ruinosa ermita de Valmores, pero para llegar a ella, aún deberemos abandonar el ramal que seguíamos, bajar por un pedregoso talud, tomar a la izquierda por la pista que corre paralela al arroyo y doblar enseguida a la derecha por el camino de Pezuela.

Nada más cruzar el arroyo, unos pocos olmos se presentan como los últimos testigos de la olmeda de Valmores, asolada también por una maldición: la plaga de la grafiosis. Alrededor, vense los esqueletos y tocones de árboles menos afortunados, para los que ya no cabe esperar otro milagro de la primavera. Desde aquí, sólo resta atrochar por la herbosa ladera para alcanzar, cumplida una hora y media de paseo, la ermita de Valmores. De aquel lugar fundado en el siglo XII y donado por Alfonso VIII a Segovia; que en el XVI constaba de una docena de casas en torno a la ermita –consagrada a San Blas–, y que tres centurias después, en 1849, Madoz daba ya como despoblado, no queda más que este muro carcomido de roca caliza, escueto recordatorio de que los hombres y sus afanes son, para el viento de los siglos, como vilanos de diente de león.

Tras este melancólico 'memento mori' –y de almorzar en una cercana alameda, pues las penas con pan son menos–, tiraremos valle abajo por la pista que va paralela al arroyo de la Vega. Dicha pista se transforma, al poco de atravesar la carretera de Nuevo Baztán a Olmeda de las Fuentes, en una senda que trepa al mirador del Balconcillo –bonita vista de la vega y del caserío de Olmeda– y que muere en la misma carretera a sólo un kilómetro de Nuevo Baztán.

.