RUTA nº 132 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 4 Distancia desde Madrid: 27 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  BOLITAS DEL AIRÓN
UN PEDAZO DEL EDÉN
Este parque natural de Valdemoro atesora el único bosque de árboles del paraíso que existe en la región

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se va a Valdemoro por la carretera de Andalucía (N-IV). Lo más cómodo y ecológico es el tren de Cercanías-Renfe (tel.: 902 24 0202), que deja a diez minutos del parque Bolitas de Airón
para contemplar las aves y calzado impermeable para el terreno encharcado
desde el apeadero de Valdemoro, hay que avanzar por el paseo de la Estación, doblar 300 metros más adelante a la izquierda por la calle Tenerife, seguirla hasta el final y volver a girar a la izquierda por el paseo del Prado
primavera es la mejor época para ver el parque en todo su verdor, con las charcas pletóricas de vida y los árboles del paraíso en flor. Información sobre el parque natural, en el Ayuntamiento de Valdemoro (teléfono 918 950 064)
Antonio López Lillo es el autor de Arboles de Madrid, editado por la Comunidad de Madrid en el que pueden hallarse más detalles sobre el árbol del paraíso
hoja 19-23 (Getafe) del Servicio Geográfico del Ejército o la 582 del Instituto Geográfico Nacional

Pedro Antonio de Alarcón, que solía veranear en Valdemoro, decía que “allí todas las cosas se volvían flores”. Hoy, salvo los reclusos de la cércel Madrid III, nadie se plantea veranear en Valdemoro, quizá porque todas las cosas se han vuelto naves industriales. Todas, menos una. Pues resulta que en este municipio sureño se halla el único bosque madrileño de 'Elaeagnus angustifolia'. También denominado panjí u olivo de Bohemia. Asimismo llamado, por error, cinamono. Más conocido, en fin, como árbol del paraíso.

El árbol del paraíso es un arbolillo espinoso que puede alcanzar hasta diez metros de altura; que de mayo a julio da florecicas fragantes de color blanquecino lustroso y amarillo limón por la parte interior; y que se reconoce con facilidad por sus hojas lanceoladas, verde-grisáceas por el haz y plateado-escamosas por el envés, las cuales recuerdan vivamente las del olivo. También se asemeja al olivo en sus frutos, que son como pequeñas aceitunas con una capa exterior carnosa, rojiza, de textura harinosa y comestibles. Aunque mejor sería decir bebestibles, pues se sabe que estos frutos se usan en Japón para preparar una bebida alcohólica. Salud.

El' Elaeagnus angustifolia', panjí, olivo de Bohemia, erróneamente cinamono y con más propiedad árbol del paraíso es indiferente a la naturaleza de los suelos, medra por igual en terrenos áridos y húmedos, y tolera grandes sequías y vientos. Por eso su área natural es tan dilatada: desde el norte de África hasta el desierto del Gobi, pasando por sitios tan encantadores como las costas del Caspio, los Urales, el Cáucaso, Armenia, Irán, Afganistán y las estepas del centro y suroeste de Asia. En la región mediterránea se halla desde Grecia hasta el Alto Egipto y desde España hasta el Asia Menor. Si añadimos que se ha extendido artificialmente como especie ornamental merced a su vistoso follaje plateado, al penetrante aroma de sus flores y a su gran rusticidad –no requiere apenas cuidados–, se comprenderá por qué resulta tan difícil determinar dónde crece de forma espontánea y dónde ha sido cultivado. En España, aparece con aspecto silvestre en Valencia, Murcia y Andalucía. En Madr id, que se sepa, tan sólo en Valdemoro.

La morada de este insólito madrileño es el parque natural Bolitas del Airón, que abre sus puertas junto al polideportivo municipal de Valdemoro. Inaugurado en marzo de 1995, el parque se asienta sobre lo que antaño era la dehesa boyal del pueblo: esto es, un predio comunal destinado, en otros tiempos menos industriosos, al pasto de los animales de tiro o de labranza, mayormente bueyes –de ahí, lo de boyal–. Un albergue, merenderos, barbacoas y columpios son instalaciones que pueden hallarse en este espacio verde de 43 hectáreas que, por un lado, limita con la línea férrea Madrid-Aranjuez y, por otro, con los cerros yesíferos de El Espartal.

Si exceptuamos el 25 de abril, día de San Marcos, cuando 8.000 personas se juntan en el parque para correr la tortilla y el hornazo, cualquier mañanita de primavera se presta a un garbeíllo soledoso por el camino que nace entre la zona de recreo infantil y las barbacoas; un camino –señalizado como pista deportiva– que permite recorrer el sector arbolado del parque describiendo un círculo de unos dos kilómetros. A ambos lados del mismo lo veréis: humilde como un olivo, coronado de espinas, pero también de perlas bermejas –las bolitas que dan nombre al parque– y de flores aromosas.

Allá donde el arbolado es más espeso, pululan conejos y torcaces; en otros lugares, el agua que emerge por doquier –la capa freática está casi a flor de tierra– abre claros de humedad en el boscaje, pequeñas charcas pobladas de ánades y carrizales... Dicen que en la Biblia se le menciona como uno de los árboles presentes en el Paraíso, pero la cita no está del todo clara. Lo que está claro es que para hallarlo, no hace falta irse tan lejos. Sólo a Valdemoro.

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