RUTA nº 205 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 3 Distancia desde Madrid: 79 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  PICO DE CASILLAS
LA OTRA SIERRA DE MADRID
Buitres negros y castañares pueblan este alto, también llamado del Mirlo, el único monte madrileño en Gredos

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el pico de Casillas se halla a caballo entre los términos de Rozas del Puerto Real (Madrid) y El Tiemblo (Ávila). En esta ocasión lo atacamos desde El Tiemblo. Se va por la carretera de los pantanos (M-501) hasta San Martín de Valdeiglesias y luego por la de Ávila (CL-403)
en el área recreativa del Regajo
entrando en El Tiemblo, poco después de pasar la gasolinera, hay que doblar a la izquierda por una carreterilla señalizada inicialmente hacia la urbanización Buenavista, tirar de nuevo a la izquierda en la siguiente bifurcación y continuar otros ocho kilómetros –la mitad, por pista de tierra– hasta el área recreativa del Regajo, inicio de la ruta a pie
al discurrir por paisajes muy variados –castañares, alisedas, robledales, praderas y roquedos– resulta igualmente hermosa en todas las estaciones del año
Carlos Delgado, Ramón Muñoz y Pilar Sañudo son los autores de 'Senderos de Gredos', una buena guía de Ediciones Desnivel en la que se describen ésta y otras muchas rutas por la zona
hojas 16-22 (Navaluenga) y 17-22 (San Martín de Valdeiglesias) del Servicio Geográfico del Ejército o las 556 y 557 del Instituto Geográfico Nacional

El 40% de la Comunidad de Madrid lo ocupan sierras cuyos nombres la gran mayoría de los madrileños ignora, de ahí que suela usarse el falso e impreciso topónimo de sierra madrileña para designar esa franja abombada que comienza en los alrededores del puerto de Somosierra y se va acabando hacia el pantano de San Juan, de donde desde luego no pasa, porque más allá esa misma gran mayoría sabe (o cree saber) que ya es Ávila y ya es Gredos, y si a alguien se le ocurriera decir que la sierra de Gredos también es madrileña, sería catalogado 'ipso facto' como habitante de Babia, uno de los pocos topónimos que todo quisque conoce y gusta de usar.

No es que sea tan castiza como la Casa de Campo, pero algo madrileña sí que es. Para convencerse, sólo hay que desplegar un mapa de Madrid y comprobar cómo cerca de su extremo occidental, allá por Rozas de Puerto Real, le sale como un gancho hacia el norte que llega hasta la mismísima cresta de Gredos. Ese saliente es el pico de Casillas, monte de 1.768 metros en el que limita el mentado término madrileño de Rozas con los abulenses de El Tiemblo y de Casillas, que es el que le da título. También figura en algunos mapas como alto del Mirlo, pero, por lo dicho al principio, aprender dos topónimos en un solo día puede resultar excesivo.

Además, no son precisamente mirlos de un palmo los que revolotean sobre el pico de Casillas, sino buitres negros de casi tres metros de envergadura y 14 kilos de peso, buitres que tienen en los bosques del vecino valle de Iruelas una de las colonias más importantes de la Península.

Otros vecinos hermosotes son los castaños, que forman aquí varias de la mejores masas del Sistema Central, señaladamente el castañar de El Tiemblo, localidad donde vamos a iniciar la aproximación al pico de Casillas siguiendo en coche la pista forestal de ocho kilómetros que remonta desde el pueblo la garganta de la Yedra hasta el área recreativa del Regajo.

Desde la sombría arboleda que sirve de aparcamiento, distinguiremos sin dificultad la senda en rampa que se adentra en el castañar a través de una portilla metálica, y por ella ascenderemos hasta toparnos, en cosa de 15 minutos, con un refugio de piedra abovedado ante el que se bifurca el camino. Nosotros seguiremos por el sendero de la derecha, inicialmente llano y luego en suavísima subida junto a las aguas de la garganta de la Yedra, a la sombra de alisos y grandes castaños, el mayor de los cuales se halla justo al inicio de este ramal, un centenar de metros ladera abajo. Le dicen el 'Abuelo' y su tronco hueco mide la friolera de 16 metros de perímetro.

Otros 15 minutos nos llevará alcanzar unas praderas con vistas a nuestro pico, que se alza allá enfrente, imponente e inconfundible, su cima coronada por el deslumbrante cilindro blanco del vértice geodésico. En la parte superior de estas praderas confluiremos con otro camino por el que continuaremos garganta arriba, hasta que, a tres cuartos de hora de inicio, no más rebasar unas casillas metálicas verdes, veamos que se dispone a cruzar la corriente, momento en el que deberemos coger un desvío menos marcado a la izquierda que nos subirá en un periquete hasta un collado con viejos robles acondicionados como puestos de espera para la caza de torcaces.

Lo que resta, hasta un total de dos horas, es una fatigosa trepada a manderecha por la cresta monda y lironda, sin otro consuelo que el perfume del piorno y del tomillo perruno. Y un panorama, al final, que reconforta el alma: al norte, el embalse del Burguillo; al este, el de San Juan, y al sur, el de Los Morales, más las peñas de Cadalso y Cenicientos. En el lejano naciente, Peñalara señorea desde sus 2.428 metros el Guadarrama, la más madrileña de las sierras. Mientras que a poniente, el Almanzor (2.592 metros) domina un Gredos que, como queda demostrado, también es sierra madrileña. Aunque sólo lo sea un poco. Aunque sólo sea un pico.

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