| Bañadero
es, por definición, un charco donde suelen bañarse y revolcarse
los animales monteses. El Bañaderos, en buena lógica, debería
tener, o haber tenido, algunos de estos baños, pero basta darse
un garbeíllo por este monte de 1.637 metros que se yergue fronterizo
entre los términos de Montejo y La Hiruela para advertir que siempre
ha sido, es y será una cresta de pizarra más seca que la
mojama, y que hay las mismas razones para llamarle pico Bañaderos
que cerro Ornitorrincos o alto de los Latiguillos Hidráulicos.
Consultado sobre este particular, el montejano Gregorio
García confirma lo dicho y nos asegura que, en sus casi 80 años
de vida, no ha visto bestia alguna bañarse, excepción hecha
de las ovejas que él y otros pastores sumergían antaño
en grandes tinas de agua mezclada con Zotal y polvos Cooper para atajar
la roña, pero incluso esto se hacía en el pueblo y no en
el monte que nos ocupa. En cuanto a la posibilidad de que algún
serrano se bañara no nos pregunten cómo en el
Bañaderos, y de ahí derivara su nombre, nos remitimos a
lo que nos contó el escenógrafo y hotelero François
Fournier sobre el día memorable de 1978 en que él apareció
con una bañera en el no muy lejano Patones. ¡Ojalá
y no le tenga que servir nunca!, le deseó una viejuca que,
al parecer, sólo había visto usar un cacharro así
en Torrelaguna, cuando le extrajeron la mugre a su finado. La misma que,
sacada de su error, exclamó encantada al descubrir el bidé:
¡Uy y tiene usted niños...!
A falta de agua y de quien la quiera probar, el Bañaderos
posee el perfume del cantueso, la lavanda gitana que crece allí
donde la encina y el roble han sido desalojados por el hacha. Con el espliego
y la alhucema, de las que es hermano, comparte virtudes es antiséptico
y vulnerario, fragancias y nombre genérico: 'Lavandula',
del latín 'lavo', recordatorio de que todas estas plantas las usaban
los romanos para aromar las termas. Ya tenemos nuestro baño. Bienolientes
efluvios de cantueso y también de mejorana y de tomillo y
de botonera nos regalan la pituitaria cuando arribamos al puerto
de El Cardoso (1.358 metros), que está señalizado como tal
en la carretera que va de Montejo a su famoso hayedo, al norte del pico
Bañaderos. A escasos metros del asfalto se halla el refugio de
la Maleza y, detrás de éste, una pista forestal de 11 kilómetros
que rodea todo el monte a media ladera por la grata sombra de un pinar
de repoblación, pista que hoy en parte vamos a seguir.
Una barrera levadiza indica el inicio de dicha pista
y de nuestro caminar, que para mayor interés coincide con la senda
de educación ambiental de la Maleza, cuyos postes de madera e iconos
alusivos a diversas especies botánicas nos acompañan hasta
llegar en hora y media al puerto de La Hiruela (1.477 metros). Todo este
camino es de suave andar salvo una empinada revuelta a media hora
del inicio y con buenas vistas al barranco del Jarama, al hayedo
de Montejo y a la aldea guadalajareña de El Cardoso. No así
a La Hiruela, que, oculta tras una loma, sólo enseña las
copas de los nogales, los cerezos y los peros que antaño la hicieron
famosa.
Una vez en el puerto de La Hiruela, nos dejamos de pistas
y carreteras y emprendemos el regreso por toda la cresta, subiendo y bajando
por entre afloramientos de pizarras puntiagudas, el más alto de
los cuales es el pico Bañaderos propiamente dicho. Aquí,
girando el cuello de izquierda a derecha y empezando por el norte, vemos
los montes de Somosierra, Ayllón y Ocejón, la sierra de
la Puebla, los caseríos de Prádena del Rincón y de
Montejo, las antenas del centro de seguimiento espacial de Buitrago, el
embalse de Riosequillo, Peñalara, los montes Carpetanos y de nuevo
Somosierra. Sólo nos resta continuar por la cresta hasta llegar
a un rústico mirador junto a una casilla de piedra, y bajar sin
camino pero sin mayor dificultad, zigzagueando por el pinar, al puerto
de El Cardoso. |