RUTA nº 115 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 2 Distancia desde Madrid: 66 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  CANAL VIEJO DE ISABEL II
RECUERDOS POR UN TUBO
Un paseo del Pontón de la Oliva a Patones, siguiendo la primera conducción de aguas del Lozoya

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El Pontón de la Oliva tiene rápido acceso por la carretera de Burgos (N-I), la N-320 hasta Torrelaguna y la M-102 hasta el límite de la región, pasando por Patones de Abajo. Si no se dispone de coche, puede iniciarse el paseo en este último pueblo, a donde llegan los autobuses de Continental Auto (tel.: 91-314 5755), con salida de la plaza de Castilla
señales del GR-10; conviene llevar buena cantidad de agua
si se completa la gira por Patones de Arriba y el sendero GR-10, se convierte en una marcha circular de alrededor de 15 kilómetros (unas cuatro horas). En ambos casos, es ideal para deleitarse en primavera con las vistas de la vega del Jarama.
Bernard Datcharry y Valeria H. Mardones, en '52 excursiones en bicicleta alrededor de Madrid' (El País/Aguilar), proponen una variante más larga, con salida de Torrelaguna, para hacer esta ruta pedaleando. Para volver por el GR-10, consúltese 'Excursiones a pie por la provincia de Madrid' (Desnivel), de Domingo Pliego
el viejo canal de Isabel II, o canal del Lozoya, se puede seguir con la ayuda del mapa 'Sierra Norte', de La Tienda Verde. También, con la hoja 20-19 del S.G.E.
No hay ni una sombra. Hay muchas colmenas de abejas en el recorrido por lo que habrá que tener cuidado o llevar repelente. Ver nota detallada al final de los detalles de la ruta.

A mediados del siglo XIX, según Galdós, “Madrid no tenía de metrópoli más que el nombre y la vanidad ridícula. Era un payo con casaca de gentilhombre y camisa desgarrada y sucia”. En aquel Madrid de Fortunata y Jacinta, los mil aguadores que había eran parco remedio contra la mugre de “aquellos veranos ardorosos en que el Ayuntamiento refrescaba y alimentaba las fuentes del Berro y de la Teja con cubas de agua sacada de los pozos...; aquellos tiempos en que los portales eran sentinas y en que los vecinos iban de un cuarto a otro con el pucherito en la mano, pidiendo por favor un poco de agua para afeitarse”. Con 6,5 litros por barba y día –ése era el consumo medio–, el 'gato' sólo podía lavarse como tal, y gracias.

Harto sin duda de oler a sobaquina en su ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, Bravo Murillo ordenó en 1848 que se estudiasen los proyectos habidos y por haber para mejorar el abastecimiento de aguas de la capital. El río Lozoya, cerca de su desembocadura en el Jarama, se reveló como el más conforme para acometer la traída. Y allí fue que dos mil presos trabajaron a muerte (y no es hipérbole) para construir la presa del Pontón de la Oliva y una conducción por la que las ricas aguas corrieron a lo largo de 76 kilómetros para ir a dar, el 24 de junio de 1858, a un surtidor de doce caños en la calle de San Bernardo, junto a la iglesia de Montserrat. De la joven reina que lo inauguró, tomó su nombre el canal.

No hace mucho, cuando se cumplieron 150 años de aquella decisión histórica, la Comunidad de Madrid declaró estas obras hidráulicas Bien de Interés Cultural. Bueno será que nosotros ahora nos acerquemos a conocer tan kilométrico monumento, o siquiera un trecho de él. A tal efecto, desde la explanada que hay habilitada como aparcamiento al pie del Pontón de la Oliva, subiremos a la presa por una rampa lateral de piedra caliza y recorreremos sus 72 metros de coronación para ir a salir por el lado contrario, bajando unos peldaños, a la plataforma horizontal, algo elevada sobre el terreno circundante, bajo la que discurre el viejo canal. Salvo los primeros metros, en que corre camuflado entre hartas retamas y se entierra para cruzar la carretera del Atazar, el resto de su trazado se muestra sin disimulo, señalando su presencia con acueductos, sifones, casetas de equilibrio e incluso lápidas, con fecha inscrita de 1853, en que se dejó constancia de la progresión de las obras.

Caminando sobre el canal, todo él es un miradero. A un lado, Lozoya y Jarama confluyen en el embalse de Valdentales, al arrimo de una populosa chopera, para ser en adelante sólo Jarama, el de la vega feraz de Patones de Abajo, Torremocha, Torrelaguna y, señoreando en un escarpe a mediodía, Uceda. Al otro, se alza la sierra caliza de Patones, surcada a lo ancho por agrios barrancos y a lo largo por nuestro anciano canal y por los más modernos y elevados del Atazar y Alto Jarama, éste con sus enormes tuberías al aire, como un juego didáctico de vasos comunicantes para hijos de gigantes.

Tras seis kilómetros de imperceptible descenso, el canal, convertido en un mero camino rural, desemboca en la carretera de Patones de Abajo a Patones de Arriba, o Patones a secas. Desde aquí, podemos subir a Patones por el fondo del barranco, y luego por la calle de la eras, para seguir las señales de pintura roja y blanca del sendero GR-10 hasta el Pontón de la Oliva (a dos kilómetros de la presa, abre su boca la cueva del Reguerillo, otra obra hidráulica, pero ésta natural y prehistórica); o bien volver por donde hemos venido, mas ahora aguas arriba, que es un poco como regresar al pasado, a aquellos días en que, para citar de nuevo a Galdós, “por fin el paleto se disponía a ser señor de verdad... Madrid, dentro de algunos años, iba a tener raudales de agua distribuidos en las calles y plazas, y adquiriría la costumbre de lavarse, por lo menos la cara y las manos. Lavadas estas partes, se lavaría después otras”.

Con fecha 08.05.2005 Antonio J. de Vicente nos cuenta: "Mi correo es para darles algunas sugerencias sobre la ruta 115: El canal viejo de Isabel II. La hicimos ayer otro amigo y yo, y hay algunas cosillas que quisiera comentar para mejorar la información que dais en la página. Lo primero es que a lo largo del recorrido, no hay ni una sola fuente de agua, así que mejor que se lleve agua. Luego, en todo el recorrido, no existe ni un árbol bajo el que guarecerse del Sol, que, dependiendo de la horas de la marcha, cae a plomo. Sé que recomendais la excursión para cualquier época del año, pero, con nuestra expericencia de ayer, casí que la recomendaríamos para otoño o invierno, dado que no hay nada de sombra durante los 15 kilometros de la excursión. Si se hace en verano, lo ideal sería llevar al menos 3-4 litros de agua por persona, o iniciar la marcha a las 8 de la mañana, cuando el sol todavía no está alto. Por cierto, en primavera está lleno de abejas y a lo largo del camino hay un montón de avisos de "peligro colmenas", quizás, como es la época del año de recolección de las abejas, llevar repelente de insectos y tener cuidado de no acercarse demasiado. Espero que mis comentarios os ayuden a mejorar la información de esta ruta, ya que sigo habitualmente las excursiones de vuestra página que me parece muy currada y muy útil."

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