RUTA nº 108 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 2 Distancia desde Madrid: 82 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  PINAR DE CASASOLA
DULCE COMO EL LOZOYA
Jaras, romeros, tomillos y pinos resineros aroman el camino que baja de Berzosa al embalse de El Villar

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Berzosa del Lozoya tiene su mejor acceso yendo por la carretera de Burgos (N-I) hasta Lozoyuela, para seguir desde aquí las indicaciones viales hacia Manjirón, Paredes de Buitrago y Serrada de la Fuente. Por este camino se cruza la presa de Puentes Viejas, que también es digna de verse
debe hacerse entre abril y mayo para disfrutar de la espectacular floración del jaral. Otra buena época es otoño, por la abundancia de setas en el pinar
Vicente M. Ortuño es el autor de 'Las mejores excursiones por la Sierra Norte de Madrid', guía editada por El Senderista (tel.: 91-541 7170) en la que se describe un itinerario algo más breve por el pinar de Casasola. Información sobre alojamientos, restaurantes, rutas, etcétera, en la página web: www.sierranorte.com
mapa 'Sierra Norte', a escala 1:50.000, de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257), hoja 19-19 (Buitrago del Lozoya) del Servicio Geográfico del Ejército o la 484 del Instituto Geográfico Nacional

Las tierras que se extienden desde el pueblo de Berzosa hasta la presa de El Villar, en el curso bajo del Lozoya, son un vasto y reseco jaral. No quiere decirse que sean feas. En esto estamos con Unamuno, a quien producía “una más honda y más fuerte impresión estética la contemplación del páramo..., que uno de esos vallecitos verdes que parecen de Nacimiento de cartón”. Es cuestión de sensibilidades.

Y también de momentos. A finales de abril y primeros de mayo, la jara, “pebetero del desierto” –de nuevo, Unamuno–, inciensa el campo soleado y lo tachona de flores blancas, grandes como puños. Vense asimismo por doquier las pálidas florecicas azules del romero mirando casi con amor para las colmenas, donde las abejas, muy unamunianas ellas, hacen dulce lo árido. Y está la fragancia del tomillo, que días después de andar por estos yermos aún perdura en nuestras botas. ¡Qué bien le cuadra a Berzosa el refrán: “Vete al monte algún buen día, que Dios da de balde su perfumería”!

Otro que iba de flor en flor por estas tierras, de las que fue señor, era el marqués de Santillana. Y de seguro que fue un día dulce de primavera cuando halló motivo para su serranilla: “Al pie de essa grant montaña, / la que diçen de Verçossa, / ví guardar muy grant cabaña / de vacas moça fermosa. / Si voluntat no m’engaña, / no ví otra más graçiosa: / si alguna desto s’ensaña, /lóela su namorado”.

Además, en esta tierra sedienta, que se precipita por lomas y barrancos como ávida del agua dulcísima del Lozoya, existe la notable excepción arbórea del pinar de Casasola, una vieja repoblación de pino negral o resinero que sombrea la orilla oriental del embalse de El Villar. Se le llama también marítimo porque es árbol habitual del litoral mediterráneo, y en verdad que nada nos cuesta imaginar, mientras aspiramos el aroma cálido y dulzón del pinar asomados a la quebrada ribera del embalse, que nos encontramos al filo de alguna cala solitaria y casi inaccesible de la Costa Brava.

Dulce asimismo de andar es el camino que lleva hasta el pinar. Nace a mano derecha justo antes de entrar en Berzosa –suponiendo que nos acercamos por el norte, desde la vecina aldea de Serrada de la Fuente– y es una buena pista de tierra que, ignorando dos tempranos desvíos –primero a la diestra y poco después a la izquierda–, enfila sin pérdida posible hacia un cerrete de 1.077 metros que se alza en el paraje de Los Hoyuelos, donde descuellan varios chalés y desde donde se avizora la cercana sierra de Guadarrama, con las peñas graníticas de La Cabrera en primer término.

Rebasado el cerro, el camino desciende suavemente por el jaral hasta la linde del pinar, al que se accede franqueando una barrera levadiza, para enseguida llegar –como a una hora del inicio– junto al refugio de Casasola, antigua casa forestal rehabilitada como aula de naturaleza. Aquí se le une otra pista procedente de Serrada, formando un solo ramal por el que seguimos de frente hasta salir a la carretera de Cervera. Y ya por el asfalto, a mano derecha, bajamos a la presa de El Villar en un periquete: media hora desde el refugio.

Erigida en 1879, esta presa no sólo es la más antigua de las que aún están en servicio en Madrid, sino la primera de su tipo (gravedad) que se construyó en Europa. Para más lujo, puso la primera piedra el ministro de Fomento don José Echegaray, luego premio Nobel de Literatura. Y para no olvidarla, hay que verla al límite de sus 22,4 hectómetros cúbicos de capacidad, desaguando por una canaladura rocosa que semeja una catarata salvaje de 50 metros de altura. De vuelta en el refugio y la confluencia de pistas, cogemos la de la izquierda para pasear por una bonita zona de pinar entreverado de encinas y quejigos nativos. Y así hasta que, cumplidas tres horas de marcha, y tras pasar una nueva barrera, dejamos la pista para cruzar el arroyo Los Vallejos a la altura de una línea eléctrica y subir a su vera, por un buen camino que enseguida se presenta, hasta Berzosa.

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