RUTA nº 509 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 49 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  HOYA DE SAN BLAS
UN LUGAR CERCA DEL CIELO
Prados, robledales y pinares jalonan un paseo por el valle del Mediano, entre Miraflores y Manzanares el Real

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a Miraflores de la Sierra se va por la autovía de Colmenar (M-607) hasta el kilómetro 35, luego por la carretera M-609 hasta Soto del Real y finalmente por la M-611. En el kilómetro 6 de esta última carretera, antes de llegar a Miraflores, sale a la izquierda la pista de tierra que lleva, tras dos kilómetros, a la ermita de San Blas, inicio de la ruta a pie
pista forestal
Compras : La Casa del Queso (Mayor, 14): queso de Miraflores, requesón y miel. Tahona Esteban Jiménez (Benito Rodríguez, 7): rosquillas, bizcocho de manzana y auténtico pan de leña. Jaral de Miraflores (Pío López, 22): lo último en artesanía floral. Más información : En el Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra (plaza de España, 1; teléfono 918 44 3017). Y en www.mirafloresdelasierra.org
mapa de la sierra de Guadarrama, a escala 1:50.000, de La Tienda Verde (teléfono 915 34 3257)
Comer : La Fuente (teléfono 918 44 4057): especialidad en cordero asado y carne de buey a la parrilla; precio medio-alto. Llerja (teléfono 918 44 3786): guisos tradicionales -fabada, callos, cocido en puchero de barro...-, platos modernos -queso de cabra con cebolla caramelizada, caracoles con boletus...- y mariscos; precio alto. Maito (teléfono 918 44 3567): asados en horno de leña y carnes a la brasa; precio alto. Dormir : Palacio Miraflores (teléfono 918 44 9050): casa de verano de los años cuarenta, con muebles de anticuario y restaurante dirigido por el prestigioso chef Juan Pablo Felipe; precio muy alto. La Posada (teléfono 918 44 4646): 25 habitaciones cálidas, con abundancia de madera, en una céntrica calle peatonal; precio bajo. Hotel Miraflores (teléfono 918 44 9090): establecimiento de reciente apertura, con ventanas abiertas al monte y al valle; precio bajo

San Blas fue aquel médico y obispo de Sebaste (Armenia) que curó de sopetón, con sólo imponerle las manos, a un niño que no podía respirar porque tenía una espina de pescado atravesada en el gaznate. Por eso es el patrón de los otorrinolaringólogos y por eso hay mamás que aún repiten, cuando el churumbel se les pone azul: "San Blas bendito, que se ahoga el angelito".

El famoso milagro sucedió en el año 316, momentos antes de que los enemigos paganos del santo, haciendo gala de un fino humor negro, le cortaran la garganta. Menos conocida es la historia eremítica de san Blas, aquella época en que, para librarse de la persecución de Diocleciano, se refugió en una cueva del monte Argeo; una cueva a la que se acercaban todos los animales pachuchos del bosque con la seguridad de ser sanados.

Su compenetración con las bestias era tal, que cuando los romanos venían buscando fieras para echar a los cristianos, una sola voz del obispo-medicina bastaba para que éstas se esfumaran sin dejar rastro. Ironías del destino, luego a san Blas se le consideraría, como a san Eustaquio y a san Huberto, protector de los cazadores. A este san Blas, amigo de la naturaleza y la vida retirada, le hubiese agradado la pequeña ermita que lleva su nombre en las dehesas de Miraflores, al pie de la Najarra. También le hubiese gustado la vecina hoya de San Blas, como se conoce el valle que se forma entre la Cuerda Larga y las laderas orientales de la Pedriza, y por el que corre el arroyo del Mediano en busca del Manzanares. Que una de las montañas que cierran este valle, precisamente donde ambos macizos se tocan, se llame alto de Matasanos, quizá le hubiese hecho menos gracia, pues, como ya se dijo, era médico.

A la ermita de San Blas nos arrimaremos en coche por una pista de tierra que sale a la izquierda en el kilómetro 6 de la carretera M-611, entre Soto del Real y Miraflores. Y una vez llegados a ella, abandonaremos el vehículo y la pista principal, que dobla hacia el sur, para echarnos a andar de frente, hacia el oeste, por un camino en cuesta que se abre paso entre chalés dispersos, dejando a mano izquierda el cerro de la Berrocosa, cuyo nombre dice a las claras lo que en él más abunda: peñascos graníticos o berruecos.

En 10 minutos nos encontraremos junto a una casa con alta cerca de piedra y puerta azul, donde una coqueta pontezuela nos invitará a cruzar el arroyo de los Eriales. Y en otro tanto, subiendo por el camino que se ofrece en la margen contraria, desembocaremos en una amplia pista forestal, procedente de Miraflores, que seguiremos hacia la izquierda, ascendiendo muy suavemente entre pinares de repoblación y prados salpicados de grandes robles que, en invierno, desnudos de follaje, es cuando mejor muestran su hercúlea musculatura, su melena de reyes de la selva guadarrameña.

Como a una hora del inicio, nada más rebasar la cerca que delimita el término de Manzanares el Real, arribaremos a un mirador natural donde la pista se bifurca. Aquí se goza de la vista más espectacular de la hoya de San Blas, una hondonada pinariega sobre la que descuellan, a más de 500 metros por encima del observador, los riscos de la Pedriza Posterior.

Justo enfrente reconoceremos, de izquierda a derecha, el cancho de la Herrada, el collado de la Ventana, el cerro del Nevazo y el ya mentado de Matasanos. Por la pista de la derecha, en media hora más, alcanzaremos una fuente con fecha de 1974 junto al arroyo del Mediano.

Cuatro arroyos más -uno estacional sin nombre, el del Niestro, el de Matasanos y el de la Herrada- habremos de cruzar para plantarnos, transcurridas dos horas y media de marcha, en el final de la pista.

La vuelta la haremos por el mismo camino, pero antes, si nos salimos un poco del pinar, tendremos la oportunidad de contemplar otro hermoso panorama aéreo de estos prados, con el chico embalse del Mediano casi a nuestros pies y, más allá, el grande de Santillana.

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