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| Casas Rurales | |||
| RUTA nº 423 |
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| CABEZA DE LA BRAÑA | |||||||||
| NO ES ASTURIAS, PERO CASI |
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Para entender este topónimo, aparentemente tan exótico, hay que remontarse a finales del siglo XI, cuando Alfonso VI llevó la frontera cristiana desde el Duero hasta el Tajo y su yerno Raimundo de Borgoña incitó a miles de norteños a colonizar estas sierras intermedias que, según el propio rey, “se hallaban yermas, sólo habitadas por osos, jabalíes y muy diversas fieras”. Sabiendo esto, el bautismo de Cabeza de la Braña no entraña ningún misterio, al igual que el de la aldea de Gascones, en el mismo valle del Lozoya, o justo al otro lado de la sierra, el de la segoviana de Gallegos. No sería extraño, pues, que algún colono asturiano hubiese asociado esta cabeza de 1.770 metros, que reposa sobre los hombros de dos inmensas praderas –Collado Cerrado y Collado Abierto–, con las jugosas brañas de su tierra. A poniente, en el puerto de Canencia, encontraría abedules como los que allí solía descortezar para fabricarse polainas impermeables, y tejos como los que sus indómitos antepasados usaban para envenenarse antes de caer en manos del enemigo. A naciente, la chorrera de Rovellanos quizá le recordaría las cascadas de Oneta o de la Seimeira, todo pudiera ser. Para verlo con nuestros ojos, saldremos caminando del
pueblo de Canencia (altitud, 1.141 metros) por la carretera del puerto
y, al cuarto de hora, en el kilómetro 15,5, nos desviaremos
a la izquierda por una pista forestal cerrada al tráfico que
asciende por un pinar entreverado de abetos de Douglas, cuyas hojas,
al estrujarlas, huelen a mandarina. Así, en deliciosa subida
por la umbría del monte, llegaremos en dos horas En la encrucijada de pistas que aquí se presenta, tomaremos la que sube hacia la izquierda bordeando dicha cerca, ignoraremos diez minutos después un desvío poco marcado a la derecha y, en la siguiente bifurcación, cogeremos el ramal que trepa hasta la cresta y, desde allí, orillando el pinar, hasta la cima de Cabeza de la Braña (1.770 metros; tres horas de marcha). Al oeste, veremos Cuerda Larga y la sierra de la Morcuera, de la que esta montaña es prolongación; al este, el verdísimo Collado Abierto, a donde bajaremos en un amén siguiendo la alambrada que corre por la divisoria. Collado Abierto (1.604 metros) es otro kilométrico pastadero –pero éste sin tapia, ya lo dice su nombre– donde nace el arroyo de Matallana, por cuya margen izquierda descenderemos rastreando a media ladera las veredas de vacas. Este riacho nos deparará la última felicidad de la jornada: la chorrera de Rovellanos (1.360 metros; cuatro horas), una cola de caballo de ocho metros que se derrama sobre una poza rodeada de sauces, fresnos y rosales silvestres, ofreciendo un lugar idóneo para el baño y/o el almuerzo. Para bajar al pie de la cascada y continuar hasta Canencia (media hora más), hay que atravesar un empinado verdinal que nos recordará –para seguir con las evocaciones asturianas– el legendario prado de la Soga, en San Ignacio de los Beyos: un prado tan vertical que obligaba a atarse al que lo segaba, y desde donde se despeñó un hombre al que su señora dio más cuerda de la necesaria, no se sabe si de manera fortuita o dolosa. Así que mucho cuidado.
Esta anomalía ha sido corregida e incorporada a nuestro plano que, por tanto, ha sido modificado. |
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