RUTA nº 199 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 58 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  DESCENSO DEL AGUILÓN
DIRECTO AL PURGATORIO
Un atajo lleva en sólo una hora del puerto de la Morcuera a las cascadas más famosas del valle del Lozoya

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el puerto de la Morcuera tiene rápido acceso por la autovía de Colmenar (M-607), desviándose a la derecha pasado el kilómetro 35 (M-609, hasta Soto del Real) y siguiendo luego por la M-611 hacia Miraflores y Rascafría. Dos kilómetros y medio más adelante del puerto, hay un rellano idóneo para aparcar y, justo enfrente, comienza el paseo a pie. Todo él discurre por el término de Rascafría
absolutamente recomendable para el verano, por ofrecer el arroyo numerosas pozas para el baño
Vicente M. Ortuño es el autor de 'Las mejores excursiones por la Sierra Norte de Madrid', guía de la editorial El Senderista (tel.: 91-541 71 70) en la que se describen ésta y otras rutas a pie por los alrededores del puerto de la Morcuera y el valle del Lozoya
mapa 'Sierra de Guadarrama', editado por La Tienda Verde (tel.: 91-534 3257), hojas 18-19 (Segovia) y 19-19 (Buitrago del Lozoya) del Servicio Geográfico del Ejército o las 483 y 484 del Instituto Geográfico Nacional
la dificultad es media-baja, siempre y cuando no se abandone el sendero descrito, pues el terreno es muy abrupto

Hay un momento muy triste de la 'Divina Comedia' en que Virgilio le dice a Dante –su discípulo, su admirador y, salvando los siglos, su amigo– que no podrá acompañarlo más allá del Purgatorio. Su ignorancia invencible, como la de todos los hombres anteriores a la revelación, es su condena. De modo análogo, los muchos madrileños que todos los fines de semana suben por el arroyo del Aguilón desde El Paular, al topar el risco en que se despeña formando las cascadas del Purgatorio, se miran unos a otros como diciendo: “Hasta aquí hemos llegado” y se mezclan en pozas que tienen esa tristeza de piscina municipal, de remolino de almas dantesco, de atolondrado limbo.

El risco en sí no es un obstáculo insalvable; de hecho, hay una trocha de cabras que lo supera. Pero ¿quién es el 'machaca' que se escala esos cien metros de roca candente después de dos horas de sudorosa paseata? Y, es más, ¿qué sentido tiene realizar tal esfuerzo añadido si no se sabe qué demonios hay allende? Respuesta a lo segundo: aguas arriba hay pozas más solitarias que la cima del Paraíso de la 'Comedia'. Solución a lo primero: existe un atajo para acceder al Purgatorio por arriba, buscando las primeras aguas del Aguilón desde el puerto de la Morcuera, ahorrándose una hora de camino y disfrutando de paso del tramo más edénico del arroyo.

Dicho atajo nace en el kilómetro 20 de la carretera que une Miraflores y Rascafría, a dos y pico del puerto de la Morcuera. Allí hallamos, tras una barrera levadiza, una pista-cortafuegos que muy pronto se bifurca. Dejando el ramal de la derecha para la vuelta, seguimos el de la izquierda, que primero avanza llano entre pinares de repoblación –al fondo, vemos erguirse la oronda mole de Cabeza de Hierro Mayor– y luego se precipita con fuerte pendiente hasta el arroyo de la Najarra, el cual se junta con el Aguilón nada más pasar una pradera en que se alza una caseta de madera y tejado verde usada como aula de la naturaleza (30 minutos desde el inicio). A partir aquí, nos dejamos guiar por un senderillo que más parece abierto por pezuña de vaca que por planta humana, y que baja sin estorbo por la izquierda del arroyo, si bien cambia de orilla a los cinco minutos, al poco de adentrarse en un pinar.

Este paseo ribereño sombreado por pinos, serbales, sauces y avellanos es uno de los mayores placeres que ofrece nuestra sierra en verano, máxime estando jalonado por pozas cristalinas y por una chorrera donde el Aguilón ha excavado y pulido la roca en forma de tobogán. Rebasada la chorrera, la senda ataja por lo alto de un meandro pelado y efectúa un nuevo cruce para seguir por la cada vez más escarpada margen izquierda hasta llegar, cumplida una hora, a la pétrea angostura que precede a las cascadas del Purgatorio, en la que el camino se cuela por el mismísimo fondo, mudando por última vez de orilla.

Si el tramo anterior era bello, éste lo es doblemente, por más salvaje y solitario. Días pasados, sólo vimos pasar a tres parejitas atónitas, con cara de no saber en qué poza quedarse. Aprovechando, pues, la última oportunidad de refrescarnos, trepamos al risco en voladizo desde el que se dominan a vista de pájaro las cascadas –la mayor, de 15 metros–, escalonadas como las terrazas del Purgatorio dantesco. Apurando la comparación, la fosa tectónica del valle del Lozoya sería la montaña invertida del Infierno –con perdón de los monjes de El Paular, cuya cartuja divisamos al fondo– y los buitres, elevándose en extáticos planeos circulares, los ángeles que sobrevuelan las esferas concéntricas del Paraíso.

El regreso (otra hora) lo hacemos dando la espalda al abismo, por la máxima pendiente, sin camino definido, hasta alcanzar el pinar. Luego subimos por un fatigoso cortafuegos, que nos recuerda que no hay atajo sin trabajo y, al rato, doblamos a la derecha por otro que nos lleva sin pérdida hasta el coche, pues es el que rechazamos al inicio de esta gira por el alto, y más hermoso, Aguilón.

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