RUTA nº 162 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 84 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  DE LOZOYA A NAVARREDONDA
POR LOS VIEJOS CAMINOS
Fresnedas, robledales y prados, con vistas al embalse de Pinilla, jalonan este atajo entre localidades vecinas

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a Lozoya del Valle se va por la carretera de Burgos (NI) y desviándose nada más pasar Lozoyuela por la M-604. Hay autobuses de Continental Auto (teléfono 91 314 5755) que salen del intercambiador de plaza de Castilla
Ruta apta para hacer en bicicletael Ayuntamiento de Lozoya (plaza Mayor, 1; teléfono 91 869 3029) facilita información sobre ésta y otras rutas a pie. Y la empresa Recursos Turísticos del Valle del Lozoya (teléfonos 91 869 3019 y 667 44 7918) ofrece alojamientos de calidad – apartamentos desde 22.000 pesetas por fin de semana – en el mismo camino de Navarredonda, además de organizar paseos a caballo, en bici, en quad...
plaza mayor de Lozoya
recomendable en cualquier época del año, para personas de toda edad y condición física, y en particular para los aficionados a la bicicleta de montaña, pues la pista es excelente
hoja 19-19 (Buitrago del Lozoya) del Servicio Geográfico del Ejército o la 484 del Instituto Geográfico Nacional; mapa excursionista Sierra Norte de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; teléfono 91 534 3257)

Mucha gente cree que las autopistas, los coches de tropecientos caballos y la velocidad en general son síntomas de bienestar, pero la experiencia nos dice lo contrario: quienes más corren son los que, por fas o por nefas, gozan de menos tiempo libre. Unamuno lo tenía claro: “Yo, por mi parte, no corro cuando puedo ir al paso, a pie, y enterándome del camino. ¿Que recorro poco espacio? ¿Y qué? Todo pedazo de espacio es infinito dentro de sí. Y lo mismo digo del tiempo” ('Andanzas y visiones españolas'). O dicho de otro modo: “Caminar hace del mundo el lugar inmenso y agradable que era antiguamente” (Lawrence Millman, 'En los confines del mundo').

Para conocer el lugar inmenso y agradable que era antiguamente el valle del Lozoya, hay que salirse de la carretera. Pero no como hicieron Rociíto y compañía, volcando en una curva de la M-607, sino andando a paso quedo por ésos “caminos estrechos, tortuosos y amarillos” que cantó Azorín ('En la montaña'); ésos que llevan “en España –en la España castiza– la denominación de caminos viejos” y que son “un complemento de las viejas y nobles ciudades, de los viejos caserones, de las catedrales, de las colegiatas, de las alamedas umbrías y seculares, de los huertos cercados y abandonados”. Verbigracia: el camino viejo de Lozoya a Navarredonda.

En busca de tal camino, partiremos de la Plaza Mayor de Lozoya, que es la del Ayuntamiento: un edificio de 1698 con hermosa fachada de estilo barroco castellano. Poco más arriba de esta plaza, queda la fuente de los Cuatro Caños (1791), y más arriba aún, la iglesia parroquial del siglo XVI. Pero nosotros vamos a salir hacia abajo, por la calle del Salvador, bordeando la alta tapia de una finca, con gran portada y escudo, que fue de los primeros señores de Lozoya, los Suárez de la Concha. Unos señores que, según las crónicas, eran para echarles de comer aparte. A don Sebastián, señor de la villa desde 1620, lo denunciaron sus vasallos por falta de seso e hidalguía, pero ganó el juicio; a su sucesor, su hijo Antonio, un prebendado del Santo Oficio que había adquirido en los campos de batalla de Milán maneras de ordeno y mando, lo mataron de un arcabuzazo para ahorrarse pleitos. El lugar fue palacio de los susodichos, luego convento y ahora es casa particular.

Tomando enseguida a la izquierda por la calle de La Luna y doblando un par de esquinas más, siempre hacia abajo, llegaremos a la calle del Toril y poco después a la de las Eras Chicas, cuya prolongación es una excelente pista de tierra y gravilla. Se trata del camino viejo a Navarredonda, el cual se aleja de Lozoya enfilando hacia el noreste por entre prados salpicados de fresnos y robles melojos; orlados de avellanos, zarzas, escaramujos y majuelos; floridos de peonías, satiriones, milenramas y hierbas de Santiago.

El camino viejo nos va a llevar en suave ascenso, sin extravío posible, hasta el collado existente entre el Reajo (2.100 metros) y el cerrete de la Cruz (1.514), detrás del cual se esconde Navarredonda. Tal portacho –que alcanzaremos tras hora y media de paseo– y las praderas que lo preceden son estupendos miradores con vistas al embalse de Pinilla, en cuyo espejo se prueban nieves y piornos las más altas señoras de la región: Cabezas de Hierro y Peñalara.

Rebasado el collado, el camino desciende raudo, en sólo dos kilómetros, hasta Navarredonda. Suyos son un templo con ábside románico y una maciza casa consistorial blasonada, en cuya planta baja hay un bar y una terracita que es un buen lugar para descansar antes del regreso y reflexionar en lo que decía Unamuno, que sus horas de paseos y meditaciones daban para mucho porque eran cuadradas y a veces cúbicas: “Así mi hora cuadrada tiene 3.600 minutos cuadrados y mi hora cúbica 216.000 minutos cúbicos”. Así son las horas del caminante –largas, anchas y profundas–, y así era el tiempo en el valle del Lozoya antes de que se inventasen las carreteras y las prisas.

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