RUTA nº 160 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 69 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  SENDA DEL BATALLÓN ALPINO
VISTA AL FRENTE
Recuerdos de la guerra civil jalonan el camino que sube desde Cotos hasta las viejas trincheras de Peña Citores

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el puerto de Cotos tiene acceso yendo por la carretera de A Coruña (A6) hasta Villalba, para seguir por la M-601 hasta el puerto de Navacerrada y por la M-604 hasta Cotos. Se puede acceder en tren de cercanías (Renfe, teléfono 902 24 0202) haciendo transbordo en Cercedilla, así como en autobuses de la empresa Larrea (teléfono 91 530 4800), que salen desde Moncloa
en Cotos
Club Alpino Español en Cotos
el personal de la Casa del Parque Los Cotos (teléfono 91 852 0857) informa en el mismo puerto sobre las sendas existentes en la zona de Peñalara. Hay
en verano combina la agradable sombra del pinar y la espectacular floración de piornos y cambroños
más datos sobre la contienda en esta zona de la sierra se hallaran en la guía 'Paisajes de la guerra', de Severiano Montero Barrado, editada por la Comunidad de Madrid en 1987
hojas 18-19 (Segovia) y 18-20 (Cercedilla) del Servicio Geográfico del Ejército o las 483 y 508 del Instituto Geográfico Nacional; mapa Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; teléfono 91 534 3257)

Todos los jueves, en un café de la madrileña calle del Príncipe, diez hombres que rondan los 90 años de edad se reúnen para recordar los tres peores inviernos que nadie haya pasado jamás en la sierra de Guadarrama. Son quizá los últimos supervivientes de aquel Batallón Alpino que fue organizado en septiembre de 1936 por el Partido Comunista para mantener a raya desde las cimas más altas de Madrid a las fuerzas rebeldes acantonadas en La Granja (Segovia). Esto es lo que uno de esos viejos leales, don Miguel Oronoz, nos ha contado.

Formaban el batallón miembros de las sociedades Deportiva Excursionista y Peñalara, de extracción más humilde e ideario más puro y gineriano que el elitista Club Alpino Español: montañeros audaces como Teógenes Díaz o Ángel Tresaco, campeones de esquí como Luis Balaguer o Manolo Pina. A mediados del 37, al unírsele el Batallón Juventud –de filiación socialista–, llegaría a contar con un total de seis compañías y unos 600 hombres para cubrir un frente de 33 kilómetros, desde la peña del Cuervo, cerca del puerto de Guadarrama, hasta Peñalacabra, junto al de Navafría.

Ellos abrieron desde el puerto de Cotos (1.848 metros) la senda del Batallón Alpino para abastecer las posiciones de Peña Cítores (2.180), Dos Hermanas (2.285) y Peñalara (2.428), que eran con diferencia las más duras del frente. No es que hubiera mucha acción –en realidad, este sector se mantuvo inalterado durante toda la guerra–, pero nieve toda la del mundo, y así don Miguel tiembla aún al recordar aquel grueso chaquetón que la Pasionaria se trajo de Moscú para el que más lo necesitara en España, y cómo aquellos cientos de hombres, elegidos por sus sabañones, decidieron libremente que sirviera como puerta en uno de los míseros chozos donde pasaban las gélidas noches peñalaras. Ni que decir tiene que un regalo como ése, en otro ejército, hubiera seguido el conducto reglamentario hasta acabar en el guardarropa de un general.

Dicha senda nace junto al albergue del Club Alpino Español –lo cual no deja de ser una paradoja, por lo que antes dijimos–, que es el edificio situado a más altura en el puerto de Cotos. En la esquina superior derecha de este viejo chalé de piedra, veremos un letrero que indica: “Pico Peñalara, Mirador Zabala”. Y siguiendo la empinada trocha como cosa de cien metros, una bifurcación: a la derecha, se desvía un ramal que culebrea monte arriba junto al alargado calvero por el que discurría la línea del telesilla Zabala, desmantelado por la Consejería de Medio Ambiente tras adquirir los terrenos de la estación de esquí de Valcotos en 1998 –una batalla ganada por todos los amantes de la naturaleza–; mientras que a la izquierda, señalizada con borrosos círculos amarillos, continúa su ascenso la senda del Batallón Alpino rumbo a Peña Cítores.

En una hora, al poco de dejar la sombra del pinar por la solana fragante del piornal, alcanzaremos un collado raso coronado por una posición fortificada circular, del tamaño de una plaza de toros, sita a caballo entre Peña Cítores –a nuestra izquierda– y Dos Hermanas –a la diestra–, desde donde se atalayan las más altas cumbres de la sierra: desde Peñalara hasta la Mujer Muerta, pasando por Cabezas de Hierro, las Guarramillas, Siete Picos, Montón de Trigo...

La misma trocha que pasa junto a esta defensa nos conducirá en un periquete hasta otra que se asoma a la ladera norte de Peña Cítores, y que está formada por dos muros paralelos de tosca mampostería de más de un metro de espesor, con vistas a Valsaín y su pinar, La Granja y todas las tierras de pan llevar de Segovia. Pero, mucho más que el panorama, impresiona el tiempo detenido: los parapetos intactos y las heridas en la tierra que ni el piorno, ni el enebro, ni el cervuno han querido borrar después de 61 años de paz, casi como si la montaña fuera consciente de que, en un café de la madrileña calle del Príncipe, diez hombres aún recuerdan.

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