RUTA nº 073 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 100 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  SILLADA DE GARCISANCHO
LA GEOLOGIA ES BELLA
Arroyos, praderas, pinares umbríos y versos salpican este collado donde se unen Cabeza Mediana y Peñalara

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el mirador de los Robledos, punto de partida de esta gira, tiene acceso por el camino más rápido yendo por la carretera de Burgos (N-I) hasta Lozoyuela y por la M-604 hacia Rascafría, para seguir subiendo hacia Cotos hasta rebasar el kilómetro 31 y ver el desvío señalizado a mano derecha
el Centro de Información Puente del Perdón (tel.: 91-869 1757), dependiente de la Consejería de Medio Ambiente, organiza gratuitamente paseos guiados por algunas de las sendas descritas en esta excursión: la senda del Palero (2 horas/6,5 km.) y la senda del Mirador de los Robledos (4 horas/12 km.). Se precisa reserva. El centro está en la carretera M-604, km. 27,600, frente al monasterio de El Paular. Horario: de 10.00 a 18.00, todos los días. No hay fuentes
muy indicada para el verano por discurrir siempre entre espeso pinar y ofrecer la posibilidad de refrescarse en el arroyo de la Laguna Grande de Peñalara
hoja 18-19 (Segovia) del Servicio Geográfico del Ejército, o 483 del Instituto Geográfico Nacional; mapa excursionista Sierra de Guadarrama, de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38)

La geología es una ciencia que deja frío como el mármol al grueso del personal. La creencia de que la Tierra es inmutable y de que, para cuando se digna mutar, todos calvos, no excita precisamente la curiosidad de las gentes, ávidas siempre de novedades nimias y efemérides manejables. Así pasa que la mayoría de los mortales no sabe distinguir una laja de granito de una piedra de amolar. La sepiolita, si por el vulgo fuera, se comería a la plancha. ¿Fallas? Para fallas, las de Valencia. Y para tectónica, Pamela Anderson.

Una de las pocas cosas que la gente cree saber sobre geología es que los valles se han formado por la incesante labor erosiva de los ríos. La idea es muy sugerente, porque la imagen de los ríos asurcando la faz del planeta es el trasunto del tiempo que pasa y deja su huella en el rostro de los hombres. Mas no es del todo cierta. Multitud de valles hay que deben su origen al levantamiento y hundimiento de bloques –valles tectónicos, no fluviales–; bloques superlativos, teclas de un órgano gigantesco que, al ser pulsadas por Gea, se disponen de forma similar a las gradas de un anfiteatro.

En el valle del Lozoya, por ejemplo, tenemos dos altas gradas laterales –bloques elevados o 'horsts'– que rondan los 2.400 metros: el macizo de Peñalara, a poniente, y Cuerda Larga, al mediodía. Mil y pico metros más abajo, en lo hondo del valle, está la fosa tectónica –o 'graben'– del Lozoya, que es el escenario donde discurre la acción de los pueblos: Rascafría, Oteruelo, Alameda, Pinilla y Lozoya. Y luego hay una serie de peldaños intermedios, ni muy altos ni muy bajos, tipo tribuna de preferencia, entre los que se señala Cabeza Mediana (1.691 metros) por su condición de observatorio privilegiado. La sillada de Garcisancho es el collado donde entronca Cabeza Mediana con el macizo de Peñalara, un rellano que ni pintado para sentarse en verano al arrimo del pino o del regato tras admirar la grandiosa escenografía de la naturaleza.

Con la lección de geología bien aprendida, vamos a acercarnos al kilómetro 31,300 de la carretera Rascafría-Cotos y, de allí, aún por asfalto, al mirador de los Robledos. Aquí, a espaldas del monumento al Guarda Forestal, el camino rebasa una barrera y confluye con una pista por la que nos echaremos a andar hacia la izquierda para, 50 metros más adelante, desviarnos a manderecha por otra pista que asciende sin pérdida posible hasta la cima de Cabeza Mediana. Una charca verde, nutrida por una dulce fontana, alegra a mitad de camino esta trepa de 400 metros de desnivel.

Tras coronar Cabeza Mediana –ojo a la vista panorámica de todas las cumbres del valle, y en particular de Peñalara–, la pista, reducida a unas rodadas sobre la hierba, pierde bruscamente altura y la recupera de inmediato para salir a la luenga y esplendente pradera que tapiza la sillada de Garcisancho. Una vez en esta encrucijada de montes y caminos, aún deberemos continuar de frente un breve trecho hasta topar el arroyo de la Laguna Grande de Peñalara, donde, cumplidas tres horas desde el inicio, hallaremos pequeñas pozas y umbríos ribazos muy a propósito para el almuerzo.

De vuelta en la sillada, buscaremos la senda que, dejando a mano izquierda una pista forestal y a la diestra las rodadas que proceden de Cabeza Mediana, baja rauda por una vaguada poblada de espeso pinar. Es el viejo camino del Palero –marcado por doquier con trazos de pintura blanca y roja–, y la vaguada, la del arroyo de la Umbría o de Garcisancho, el mismo al que Enrique de Mesa (1878-1929) cantó hace 80 años: “¿Por qué corriendo te quejas, / arroyo de Garcisancho, / si en tu correr rumoroso, / nada te detiene el paso?” Cerca de una hora seguiremos arroyo y señales, sin tomar desvío alguno, hasta que, no más pasar una barrera, aparezca la bifurcación cuyo ramal de la derecha lleva al mirador de los Robledos.

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