RUTA nº 055 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 73 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  PINAR DE CABEZAS DE HIERRO
ÁRBOLES GENEALÓGICOS
Una gira por el histórico bosque que tapiza la umbría de la segunda cima regional, en el alto Lozoya

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a Rascafría se llega pasando por el puerto de la Morcuera, pero el camino más rápido es la carretera de Burgos (A-1), para salirse por la M-604 pasado Lozoyuela
pista forestal, estacas de madera numeradas del RV-1
en el kilómetro 32,400 de la M-604, entre Rascafría y Cotos, al poco de pasar el área recreativa de La Isla –restaurantes y aparcamiento–, nace a la izquierda la pista por la que nos echaremos a andar
la Consejería de Medio Ambiente tiene un centro de in formación en la Casa del Parque del Puente del Perdón (91 869 1757), frente al monasterio de El Paular, donde se proporciona gratis la guía Por el Valle de la Angostura (RV 1), ruta balizada que coincide parcialmente con el itinerario aquí descrito
recomendable en primavera y verano por la sombra que ofrece el pinar y las pozas de agua (no indica que sean de agua potable)
tanto la pista forestal de subida como la ruta balizada de bajada figuran en el mapa Sierra de Guadarrama, a escala 1:50.000, editado por La Tienda Verde (calle de Maudes, 23 y 38)
el desnivel anda por unos 400 metros

Últimamente todo el que entiende dos ochavos sobre flora arremete contra los pinares del Guadarrama porque cunde la sospecha de que no son autóctonos cien por cien, y guías botánicas hay que afirman tajantes que “las masas (de pinos) existentes actualmente en el piso del roble”, piso que las mismas guías fijan entre los 800 y los 1.800 metros, “son producto de repoblaciones muy antiguas”. La cuestión no es baladí: en el futuro tendremos el monte que hoy planifiquemos, y si estos Milosevic de los bosques siguen dando la matraca, los pinos albares que nos vieron jugar en los valles acabarán siendo exterminados hasta los 1.801 metros de altura.

Por otro lado, choca que se afine tanto a la hora de precisar el territorio que le corresponde por derecho natural al roble y que se sea tan poco riguroso al hablar de repoblaciones. En la cabecera del Lozoya, verbigracia, es seguro que antes de 1302, año en que el valle comenzó a ser colonizado por segovianos, nadie plantó un pino. Ni falta que hacía, porque según el Libro de la montería de Alfonso XI (1312-1350), ya existía “el Pinar de Rasca Fría”, que era “buen monte de osso en verano”. Y porque según el ilustre Ponz, “quando se fundó El Paular (1390), hay memoria que era un parage impenetrable desde Rascafría hasta el nacimiento del río, por la espesura de árboles y arbustos que en él había”: una descripción que no responde ciertamente a la de un bosque de repoblación. Así que sabemos que las repoblaciones en el alto Lozoya no son tan antiguas y que se verificaron sobre un pinar preexistente. Y también que en 1675 un real despacho concedió a los cartujos de El Paular “una legua de pinar y monte del dicho valle” por 8.000 ducados; que, en 1837, tras ser desamortizado el monasterio, le fue adjudicado el pinar –dos millones de árboles– a un tal Andrés Andreu, quien a su vez lo cedió en 1840 a la Sociedad Belga de los Pinares del Paular, empresa que ha seguido explotándolo hasta la fecha.

Una ruta inédita por este bosque histórico, al margen de las sendas habituales, es la que discurre por la umbría de Cabezas de Hierro, faldeando a media ladera la segunda montaña más alta de la región (2.380 metros). Subiendo de Rascafría al puerto de los Cotos, en el kilómetro 32,400 nos echaremos a andar hacia la izquierda por una pista forestal que corre al encuentro del joven Lozoya –aquí llamado Angostura– para, dos kilómetros río arriba, salvar la corriente por un puente de piedra y proseguir luego a mano izquierda en ininterrumpido ascenso a través de la excelsa pinada. Tres kilómetros más adelante, y como a una hora y media del inicio, se presenta un bifurcación en la que optaremos por el ramal de la derecha.

Pinos aparte, diversas especies arbóreas –lustrosos acebos, antañones tejos..., pero ni un solo roble– flanquean este camino forestal de suave pendiente por el que, después de cortar el arroyo de los Machos y el de Peña Mala –junto a éste sale un desvío a la derecha que ignoraremos–, daremos en una hora más con una nueva pista forestal. Estacas de madera numeradas –correspondient es al itinerario RV 1 del Parque Natural de Peñalara– jalonan a partir de aquí el regreso por la vera del río, que se cruza en dos ocasiones, hasta llegar al puente de piedra de la Angostura.

Aunque hermosas son las cascadas y pozas que forma a cada trecho el recién nacido Lozoya, el protagonista inapelable de este alto valle es otro. 'Pinus sylvestris' le llamó Linneo, porque era el único que crecía espontáneament e en su Suecia natal. Pino albar o de Valsaín le decimos nosotros a este compañero de tantas paseatas. Hay quien cuestiona su autoctonía; pero nadie, ni siquiera sus detractores, puede pasarse sin él. Porque de él están hechos, como observaba Máximo Laguna, “desde el modesto tablado de la cama del pobre, hasta la mesa del despacho del magnate, por más que esta última esté revestida de una fina capa de caoba”. O de roble.

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