RUTA nº 036 COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID - Zona 1 Distancia desde Madrid: 90 Kms.
Comunidad Autónoma de Madrid  LA MATA DE LOS LADRONES
OJO CON 'EL TUERTO'
Un robledal del valle del Lozoya evoca las correrías de un bandido segoviano a finales del siglo XIX

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Pinilla del Valle tiene su acceso más directo por la carretera de Burgos (N-I), en cuyo kilómetro 69 hay que tomar la salida hacia Rascafría (M-604) y luego, sobre el kilómetro 17, desviarse a mano izquierda (M-973). Si se desea prolongar la caminata desde la Mata de los Ladrones hasta Canencia, cabe dejar previamente un coche en este pueblo, para regresar a Pinilla por carretera al acabar la marcha
pista forestal
La Consejería de Medio Ambiente tiene un centro de información en el valle del Lozoya, frente al monasterio de El Paular (Ctra. M-604, km. 27,600; tel.: 91-869 1149), donde nos ayudarán a solucionar cualquier duda sobre esta ruta
mapa excursionista 'Sierra Norte', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257)

En el siglo XIX, como no había televisión, se otorgaba con menos ligereza que ahora la fama (o la infamia) a determinados personajes y el tam-tam de la 'vox populi' se encargaba de fijar sus nombres, para bien o para mal, en la memoria colectiva. Así, sin ir más lejos, en la sierra del Guadarrama ya nadie recuerda quién mató a John Lennon, pero –quien más, quien menos– todos han oído hablar de Juan Plaza, merodeador de los montes de Cueva Valiente; de Pablo Santos, bandolero de Manzanares; de Isidro 'El de Torrelodones', del mismo empleo, que fulminó de un trabucazo al antedicho en la cerca de los Huertos; de Paco 'El Sastre' y Mariano Balseiro, ebanista, secuaces de Luis Candelas; y, por supuesto, de 'El Tuerto de Pirón'.

No es mucho lo que sabemos de 'El Tuerto de Pirón'. Podemos imaginarlo magro y pequeño, como es de ley entre serranos. Y debemos suponerle una mocedad pendenciera en Adrada de Pirón, en Villovela de Pirón o en cualquiera otra de las aldeas segovianas que llevan en el apellido el ímpetu de este río románico y trashumante: río que nace en el pico Negro, a tiro de honda de Malagosto, donde acaso nuestro héroe se ganó el mote (o perdió un ojo, según se mire) asaltando a los duros y valerosos arrieros que fatigaban el puerto camino de Rascafría. De eso hace ahora cien años.

En Rascafría, precisamente, es fama que 'El Tuerto' se colaba de noche en el tronco hueco de la anciana olma que presidía la plaza –muerta hace poco– y espiaba desde gran mañana las conversaciones de los vecinos que, recostados en los escaños concéntricos, suministraban sin querer a la comadreja soplos de primera mano para ejecutar sus rapiñas. Bandido emprendedor, 'El Tuerto' pronto extendió sus correrías hasta la Villa y Corte, donde capturaba pájaros gordos y se los llevaba secuestrados a la sierra en espera del rescate. A su escondrijo predilecto –un rebollar del valle del Lozoya, sito entre Pinilla y Canencia– le llamaron la Mata de los Ladrones.

En Pinilla del Valle, donde principia esta marcha hacia la guarida de 'El Tuerto', el excursionista habrá de salvar la cola del embalse por un feo puente de hormigón y, en la bifurcación que al otro lado se le presente, optar por el camino de Navalmaíllo, que es el que tira monte arriba dejando a mano izquierda un restaurante de temporada. La ruta se ciñe en todo momento a la pista principal y, salvo un desvío que aparece nada más pasar una barrera de acceso selectivo de vehículos –en el que habrá que elegir el ramal ascendente–, nada distraerá al caminante del sereno gozo de saberse rodeado por uno de los bosques más generosos y venerables de la región.

Pues el excursionista no ha de ignorar que estas matas de roble rebollo (o melojo) alimentaron en tiempos la próspera industria del carbón vegetal. En 1940, aún había en el valle diez cuadrillas, cada una con una treintena de hornos en los que se fabricaba entre 300 y 500 arrobas (1 arroba = 11,5 kilogramos); siete de leña eran precisas para obtener una de carbón. A las órdenes de un mayoral, los ocho o diez fabriqueros que integraban cada cuadrilla trabajaban sin parar durante los seis meses de campaña, durmiendo juntos en una mísera choza sobre un lecho de hojas secas de rebollo y comiendo sólo garbanzos, manteca y pan. (No había sindicatos, claro).

Un corto trecho separa el final de la pista del collado del Portachuelo (1.548 metros), al que habrá que trepar por entre prados y abrevaderos para, después de atravesar una alambrada por una portilla, recorrer hacia el norte el espinazo de esta serrezuela. Un kilómetro y medio, y se alcanzará la linde de la Mata de los Ladrones: aquí cabe seguir la pista forestal que baja a la derecha hacia Canencia o subir al vértice geodésico de la Cachiporrilla (1.620 metros) y avizorar el embalse de Pinilla, todos los pueblos del valle y todos los montes Carpetanos, desde Peñalara hasta Somosierra. Casi mejor avizorar, como hacía con su único ojo 'El Tuerto de Pirón'.

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