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RUTA nº 345 PROVINCIA DE GUADALAJARA Distancia desde Madrid: 126 Kms.
Castilla-La Mancha  BARRANCO DE LA HOZ
LOS MIL USOS DE LA ROCA CALIZA
Pastores, caminantes, escaladores y aves comparten este bello cañón de Viana de Jadraque, cerca de Sigüenza

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Viana de Jadraque tiene acceso yendo por la autovía de Aragón (N-II) y saliéndose en el kilómetro 104 por la carretera CM-1101 (antigua C-204) para, antes de llegar a Sigüenza, tomar las desviaciones bien señalizadas hacia los pueblos de Baides y Huérmeces del Cerro
varias a lo largo del recorrido. Pista ancha de tierra
apto para cualquier persona y época del año
José A. López Ballesteros y Miguel A. Díaz Martínez son los autores de '15 rutas por la naturaleza de Sigüenza y el Parque Natural del Río Dulce', una excelente guía editada por la librería Rayuela (Medina, 7; Sigüenza; tel.: 949-39 0233) en la que se describen éste y otros itinerarios a pie y en bicicleta por la zona
el mejor mapa de la zona es la hoja 461-III del I.G.N. a escala 1:25.000
en Aragosa, que está de camino hacia Viana de Jadraque, se halla la casa rural Río Dulce (Canalejas, 23; tels.: 949-30 5306 y 629 22 8919). Se alza junto a la iglesia románica del pueblo, da vistas a la hoz del río Dulce y a las buitreras y ofrece, entre otros caprichos, un jacuzzi exterior; se puede reservar una habitación o alquilar la casa completa (para 6 personas). Precio bajo. Los restaurantes Calle Mayor (tel.: 949-39 1748) y El Motor (tel.: 949-39 0827), ambos en Sigüenza, son los más interesantes de una comarca que tiene fama por el cabrito asado, los cangrejos de río, las judías alcarreñas, las truchas y los bizcochos borrachos, entre otras cosas ricas. Precio medio
si estamos interesados en escalar en el barranco, podemos consultar la página web www.revistaiberica.com/escalada/castillalamancha/viana o los croquis de las vías que se hallan a disposición de los clientes en el bar El Puente, en Baides, a 2,5 kilómetros de Viana de Jadraque

Viana de Jadraque es una aldea del entorno de Sigüenza cuyos pocos habitantes –64 y bajando– atalayan la confluencia del arroyo del Prado con el río Salado desde sencillas casas de piedra caliza sin labrar. Dicha piedra, extraída durante siglos de un cercano barranco –el de la Hoz, de Viana o del Gamellón: el Barrancazo para los amigos–, es la misma que se empleó en el Palacio de Correos de Madrid –inaugurado en 1919 y jocosamente bautizado por su arquitectura nada sencilla como Nuestra Señora de las Comunicaciones– y la misma que los escaladores trepan hoy por vías como 'Asesina rutina', 'El acabóse' o 'El tocho del váter'. Una roca y tres destinos.

A la entrada de Viana, junto al viejo lavadero, nos recibe bulliciosa la fuente de los Cangrejos, cuyos caños son dos crustáceos de plata que fueron donados en 1933 por Mauricio Caballero, nativo de Viana empleado a la sazón en una joyería madrileña. Hasta hace 40 años, según los vecinos, se cogían cangrejos a capazos con sólo sumergir una cesta entre las ovas del arroyo cabe la fuente del Pradillo, en cuya alameda eran asados 'ipso facto'. Pero luego los herbicidas y una enfermedad contagiada por los cangrejos americanos dejaron a Viana sin aquellos manjares autóctonos, y para más inri, algún gamberro fue y les cortó los bigotes a los de plata.

Por la calle de detrás de la fuente, nos echamos a andar con la cabeza llena de tristes pensamientos cangrejiles, no sin dejar por ello de advertir una singularidad de Viana: las bodegas excavadas por doquier, recordatorio de una época en que se cultivaba la vid –¡a 844 metros de altitud y con una temperatura media anual de 9,8º!– y el morapio, después de cocido, se conservaba en ellas. Hoy sólo se usan para guardar patatas. Lo que, sumado a anteriores cavilaciones, nos da la paradoja de que, siendo antaño los pueblos más pobres que hogaño, eran más ricos sus cultivos, sus montes y sus ríos, y más variados los quehaceres y los ocios del campesino.

Al acabarse la calle pavimentada, salimos del pueblo dejando a la izquierda la 'carnecería' (sic) por un camino de tierra que discurre junto a labradíos –mañana, campos de girasoles y cereales– y, sin tomar ningún desvío a la diestra, llegamos en media hora a la fuente del Pradillo. Tres chorros gruesos como brazos surte este manantial del arroyo del Prado, a la sombra de ancianos chopos de troncos verrugosos, en un verdegal que nos hace sentir cual arcadios.

Ésta es la entrada al barranco de la Hoz, un tajo abierto en la serrezuela de la Muela con cortados de hasta 45 metros de altura y 75 vías equipadas por y para los escaladores, a los que vemos probando sus difíciles habilidades en todas las paredes excepto en las primeras de la izquierda, pues allí anidan las ruidosas chovas y grajillas, los aviones pirueteros y, fieles a su cita anual con el barranco, una pareja de halcones peregrinos que proyectan sobre los cantiles su sombra fugaz de ancla para susto mortal de las palomas.

Sabinas, enebros y encinas de buen porte salpican el cauce seco, culebreante y pedregoso por el que avanzamos cautivados por los caprichos de la roca caliza: aquí, un paredón de vivo color rojo, como pintado con minio; allí, una escuadra de barcos varados al borde del precipicio y, por todas partes, oquedades aprovechadas desde tiempos remotos como tainas, o corrales, mediante la adición de un muro exterior de mampostería. Dos enormes bloques prismáticos, cerca ya del final del cañón, recuerdan su uso como cantera.

Como a una hora de andar por el barranco, con paso quedo y admirativo, alcanzamos su cabecera, allí donde las paredes se suavizan hasta confundirse con las lomas circundantes, tapizadas de prieto encinar. En otra época y con un buen mapa, podríamos ensayar un nuevo camino para regresar a Viana, pero es otoño y en estos horizontes seguntinos suenan escopetazos y ladridos, mala música para andar brujuleando. Así que nos volvemos por donde hemos venido.

El 10.07.2012 María Constanza Riaño nos cuenta que el recorrido carece de cualquier tipo de sombra, al menos entre las 10 y las 13 horas, que es cuando ella la hizo y a no ser por el viento reinante se habrían axfisiado de calor. Que cada uno pondere fechas y climatología y si hay poca o nula sombra por las horas del día, porque no ha llovido y no hay ramaje o porque alguien cortó árboles, que no se sorprenda. Nosotros solo podemos retransmitir una experiencia.

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