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RUTA nº 158 PROVINCIA DE GUADALAJARA Distancia desde Madrid: 130 Kms.
Castilla-La Mancha  LAS TETAS DE VIANA
VIAJE A LA ALCARRIA
Estos tesos gemelos de roca caliza siguen atrayendo al paseante seis décadas después de que los acariciara Cela

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Trillo tiene rápido acceso por la carretera de Barcelona (A-2). Hay que desviarse en el kilómetro 101 por la N-204 rumbo a Cifuentes, Gárgoles y Trillo.
pistas y sendas. Panel informativo junto al circuito de motocross, letreros y marcas blancas y verdes de sendero local. Sea cual fuere la época, habrá que llevar botas y pantalones largos para protegerse de las pinchudas aulagas
Agustín Faus describe con detalle esta excursión en la guía 'Las primeras montañas' (edición de Esteban Sanz, también disponible en Libros Penthalón). Y, por supuesto, Camilo José Cela en su 'Viaje a la Alcarria'; véanse los capítulos VI (“Con el Cifuentes hasta el Tajo”) y VII (“Del Tajo al arroyo de la Soledad”)
hojas 22-20 (Cifuentes) y 22-21 (Auñón) del S.G.E. o las 512 y 537 del I.G.N.

Lo primero que se ve de Trillo, muchos kilómetros antes de llegar al pueblo, son las nubes de vapor que exhala la central nuclear. Uno podría pensar que es una angustia terrible, un sinvivir, levantarse todas la mañanas y contemplar algo así, pero enseguida descubre, al charlar con los vecinos, que es una instalación que crea menos inquietud que puestos de trabajo y que lo mejor que puede hacer el forastero es no hablar de ella y barajar.

Por Trillo, como para compensar de estas tristezas, pasa el Tajo, que aquí, antes de embalsarse en Entrepeñas, es aún un río limpio y de aire montaraz; corre también otro río, el Cifuentes, que poco antes de afluir al Tajo se despeña en mitad del pueblo en “una hermosa cola de caballo, de unos quince o veinte metros de altura, de agua espumeante y rugidora”. La descripción y el cálculo (algo alegre) son de Cela, que un día de junio de 1946 salió de Trillo en pos de las Tetas de Viana, dos cerros gemelos que el excursionista piensa atacar hoy sin más guía que 'Viaje a la Alcarria'.

El camino es, pues, el mismo que anduvo Cela acompañado por el espolique Quico y la mula Jardinera (“Es muy bueno viajar en burro porque es todo ventanilla”, bromearía después), si bien es verdad que asaz mejorado. Así, el “camino de cabras” de hace seis décadas se ha convertido en una calle asfaltada que es continuación de la principal de Trillo y que, tras salvar el Tajo por un puente de tiempos de Fernando VII, sube derecha bordeando una urbanización y se prolonga por una pista de tierra que atraviesa el circuito de motocross, da una larga torera al vertedero y gana el cerro de la Entrepeña, así llamado por los peñascos mondos que lo coronan.

Nada más rebasar la Entrepeña –consigna Cela y es verdad–, “aparecen erizadas, violentas, las Tetas de Viana... Tienen forma de cucurucho cortado antes de la punta y terminan, cada una, en una mesa de bordes rocosos y cortados a pico que deben ser difíciles de escalar”. Mas antes de arrimarse a ellas, es menester cruzar unos cerretes tapizados de carrascas y encinas crecidas, donde según el mulero Quico, “mataron una vez a uno...: primero le tiraron con postas y después le dieron lo menos veinte navajazos”. Lúgubre noticia que Cela, con su flema de Trulock, apostilla diciendo que “el sitio está bien elegido, realmente es un sitio muy apropiado”.

A la altura de un corral, la pista se bifurca: el excursionista toma entonces por el ramal de la izquierda para, a los pocos metros, abandonarlo y desviarse a mano contraria por un sendero jalonado con hitos que le va a permitir rodear ambas Tetas por la izquierda y atacar el collado 'inter mammas', no de frente, como sería lo más rápido y apetecible, sino por detrás, por la vertiente que da a Viana de Móndejar. Por allí, atajando a media ladera entre olivares abandonados, enlaza con una trocha que sube zigzagueando al collado y, ya por senda evidente, alcanza la escalera metálica que facilita la trepa a la Teta occidental.

De dicha Teta se cuenta que fue un observatorio durante la guerra civil y, también, un lazareto de animales enfermos, reses que los pastores subían a cuestas para que paciesen aisladas en la meseta y no contaminasen al resto, de modo que, o se aclimataban, o se 'aclimorían'. Encumbrado sobre la Teta occidental, a 1.145 metros de altura, el excursionista ve muy cerca, hacia el sur, Viana de Mondéjar, “un pueblo de color amarillo recostado sobre un monte romo, casi negro”; hacia el este, la otra Teta, que, como sucede hasta en las mejores anatomías, es algo más chica; hacia el oeste, el desgarrado mar interior de Entrepeñas; y, hacia el norte, las chimeneas humeantes de la central nuclear, que son como un reflejo siniestro de las Tetas de Viana sobre el espejo del Tajo, un amargo espejismo sobre los campos de color de miel de la Alcarria que pintó Cela.

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