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RUTA nº 060 PROVINCIA DE GUADALAJARA Distancia desde Madrid: 125 Kms.
Castilla-La Mancha  CHORRERAS DE DESPEÑALAGUA
EL NIÁGARA MANCHEGO
Una cascada de más de 50 metros ruge a media hora de Valverde de los Arroyos, al pie del pico Ocejón

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Valverde de los Arroyos, punto de partida de esta excursión, tiene acceso tanto por la carretera de Burgos (N-I), saliéndose en el kilómetro 50 hacia Torrelaguna y siguiendo por Patones de Abajo, Uceda, El Cubillo de Uceda, Puebla de Beleña y Tamajón; como por la de Barcelona (N-II), desviándose en Guadalajara hacia Yunquera de Henares, Humanes y Tamajón. Pasado un kilómetro Tamajón, está señalizado el desvío a la derecha hacia Valverde
en el pueblo. Pista de tierra y sendero. escasa señalización, si bien es cierto que no hay pérdida posible
recomendable para primavera por ser la época de mayor caudal de las chorreras
Manuel Rincón es el autor de 'Andar por el macizo de Ayllón', guía editada por La Tienda (tel.: 91-534 3257) en la que se recomiendan dos variantes más montañeras de esta excursión: las ascensiones al Campachuelo y al Ocejón pasando por las chorreras
el mejor mapa para identificar las cumbres de los alrededores de Valverde de los Arroyos es el 'Sierras de Ayllón y Ocejón', editado a escala 1:50.000 por La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257); en su defecto, hoja 20-18 (Tamajón) del S.G.E. o la 459 del I.G.N.

Valverde de los Arroyos es a la sierra de Guadalajara lo que Patones a la de Madrid: un aislado y microscópico caserío de pizarra a donde la gente de la ciudad acude a manadas los domingos soleados para atizarse un lechal, dejando tal reguero de coches aparcados en la carreterilla de acceso, que al último por la cola casi le coge más a mano el asador de la plaza de Castilla. La diferencia es que, después de embuchar en el villorrio madrileño, los capitalinos toman las de Villadiego, pues los agrios barrancos de Patones invitan a cualquier locura menos a dar un paseo digestivo, en tanto que en Valverde échanse todos a caminar en fila india por la senda que lleva hasta 'el agua que retumba', como en las películas de Tarzán.

Valverde de los Arroyos es lo que la gente de la ciudad cataloga como un pueblo pintoresco o con encanto: balconadas de madera pletóricas de flores, tejados que semejan la Vía Apia por el grosor de las lajas de pizarra, una iglesia en la que los menudos mampuestos de esquisto y cuarcita combinan elegantemente con los rotundos sillares negros esquineros y, delante del templo, la bolera, la fuente y el alto decorado del Ocejón. A este monte de 2.048 metros, rematado por cúspide piramidal de aire alpino, los excursionistas lo conocen por eso mismo con el título guasón de 'Cervino manchego'.

Siendo muchos los bellos rincones de esta aldehuela serrana, ninguno tan frecuentado como el córner del campo de fútbol. En realidad, éste es un espacio multiuso, como dice la gente de la ciudad: antaño era era (no es tartamudeo, sino coincidencia entre verbo y sustantivo), luego devino en cancha de tupido césped, que ya quisieran para sí muchos clubes de primera, y ahora hay incluso quienes lo utilizan para aterrizar después de tirarse en parapente desde el Ocejón. Aquí se ejecutan también, en junio –domingo siguiente a la octava del Corpus–, las famosas danzas de Paloteo, de las Cintas, del Cordón y otras, que hacen de Valverde un lugar mucho más concurrido de lo que ya es un domingo cualquiera. Y, por último, es paso obligado hacia las chorreras de Despeñalagua, cuya senda está señalada en el córner con un escueto letrero: “Cascada”.

La senda, prácticamente llana, discurre sin pérdida posible junto a una cacera que lleva a Valverde aguas puras procedentes de la zona del salto, a la que nos dirigimos; pasa entre huertos de frutales, atraviesa un bosquete de castaños y continúa valle arriba surcando un monte bajo de brezo, cantueso y gayuba. Enseguida veremos, enfrente, un colosal pliegle rocoso que se descuelga a modo de estribo desde casi la cima del Ocejón hasta el fondo del valle, donde forma una especie de graderío por el que se precipita el arroyo de la Chorrera dando lugar a las rugientes cascadas de Despeñalagua.

El arroyo de la Chorrera no es, como se informa en algunas guías a la gente de la ciudad, la primera fuente del Sorbe –el cual nace más al norte, en la cuerda de las Berceras, arropado por el hayedo de Tejera Negra–, pero sí la más aparatosa. Por la misma regla de tres que al Ocejón se le compara con el Cervino, y aun con más propiedad, estas cascadas, que suman en tres brincos sucesivos más de 50 metros de altura, pueden parangonarse con las de Niágara, que saltan 58. Cierto que los caudales no admiten comparación, pero ya nos gustaría ver lo que duraban los Grandes Lagos en estos sequedales.

A dos pasos de las chorreras, un nogal proyecta su sombra sobre una pradera que el agua pulverizada por el impacto mantiene siempre en sazón para la siesta del sufrido dominguero, al que media hora de paseo se le hace un Annapurna. Una opción menos mohosa consiste en retrodecer unos 200 metros por el mismo camino y tirar a mano izquierda por una trocha que asciende hasta el borde superior del salto. Desde aquí se ve la caída doblemente vertiginosa, y también un senda que permite volver a Valverde por la misma ladera que a la ida, pero a mayor altura que la gente de la ciudad.

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