En Madrid hay,
según el catálogo elaborado por las autoridades del ramo
(en este caso, de la rama), más de 250 árboles singulares.
Muchos se encuentran en entornos urbanos, fincas particulares y zonas
con acceso restringido, como el hayedo de Montejo. Algunos otros se prestan
a una grata excursión, sobre todo en verano, cuando sus copas
se revelan como eficaces parasoles. Visitar Madrid (teléfono 639
335 662; www.visitarb.com) y La Casa Encendida (teléfono 902 430
322; www.lacasaencendida.com) organizan salidas al campo en busca de
estos monumentos vegetales.
Pino de la Cadena
En 1924, Nicolás María de Urgoiti, fundador y director
del diario El Sol, estaba veraneando en el paraje de El Ventorrillo,
en Cercedilla, cuando vinieron a avisarle de la muerte de su padre. A
la vera del camino que baja a la pradera de las Cortes, donde le dieron
la mala nueva, había un pino albar señalado para el corte.
Urgoiti se lo compró al maderista y dispuso que se le ciñera
la base del tronco con una gruesa cadena de cuyos eslabones pendieran,
mientras el árbol viviese, las letras de un escueto epitafio: "A
su querida memoria, 1840-1924".
Para conocer este símbolo de amor filial y ecológico,
hay que andar por la pista forestal que nace en el kilómetro 15,500
de la carretera del puerto de Navacerrada (M-601). En 10 minutos, llegaremos
a una bifurcación, y 100 metros más adelante, por el ramal
descendente, descubriremos este pino de 175 años al que, cada
cierto tiempo, los forestales le abren un poco la cadena para que no
se estrangule. Una ruta más larga se hallará descrita en
www.excursionesysenderismo.com.
Rebollo de la Mata del Pañuelo
Mide 15 metros de alto por 6,20 de perímetro en la base del tronco,
que no es mucho para un roble común (Quercus robur), pero sí para
un roble melojo o rebollo (Quercus pyrenaica) de los que en nuestra sierra
se estilan. Lo más llamativo es su edad, 340 años, los
mismos que el Paraíso perdido de Milton o que el alumbrado público
de París. Este gigante del siglo XVII se halla en el paraje de
la Mata del Pañuelo, al noroeste de Rascafría, sobre los
1.480 metros de altitud, y tiene cómodo acceso a pie por la pista
forestal que sale de la colonia Las Matillas, junto al campo de fútbol,
la cual asciende describiendo largas rectas y revueltas y ofreciendo
un magnífico panorama del valle del Lozoya.
A cuatro kilómetros justos del inicio -una hora de andar-, a
la izquierda del camino, señalado con un hito, se alza el anciano
rey de los rebollos madrileños. Más información,
en la Oficina de Turismo de Rascafría (teléfono 91 869
18 04; www.rascafria.org).
Jardín del Príncipe
La mayor concentración de árboles singulares de la región
se da en este augusto pensil de Aranjuez que empezó a formarse
en 1772 por deseo del entonces príncipe y luego rey Carlos IV,
diseñado en parte por el arquitecto Juan de Villanueva y en parte
por el jardinero Pablo Boutelou. Estupefactan los ahuehuetes que crecen
a orillas del jardín Chinesco, el mayor de los cuales mide 46
metros y frisa en los 230 años. Y más todavía, los
plátanos que lo hacen en el entorno de la puerta de la Plaza Redonda:
el Mellizo -dos troncos unidos a una base de 11 metros de circunferencia,
como la pata de un dinosaurio-, el de la Trinidad (56 metros de altura)
y el Plátano Padre (240 años).
Con una longitud de tres kilómetros y 150 hectáreas de
superficie, este jardín ribereño da para un paseo de dos
horas, como poco. Accesos, horarios y otros datos útiles, en la
Oficina de Turismo de Aranjuez (teléfono 91 891 04 27; www.aranjuez.es).
Tejos del arroyo Barondillo
En el kilómetro 32,400 de la carretera M-604, subiendo de Rascafría
al puerto de los Cotos, se desvía a la izquierda una pista forestal
que remonta el alto Lozoya a lo largo de un par de kilómetros,
lo salva mediante un puente de piedra y se divide en dos. Si ascendemos
otros cuatro kilómetros por el ramal de la izquierda, llegaremos
tras casi dos horas de marcha al punto en que la pista se extingue junto
al arroyo Barondillo y, cruzando éste, veremos tejos tan soberbios
como el de la Roca, contorsionándose cual hidra entre los canchos
de su base; o como el anciano ejemplar que, 100 metros aguas abajo, parece
estar a punto de expirar por su tronco hueco de 10 metros de circunferencia.
Su edad es incalculable, pero los expertos aseguran que no hay otro árbol
más viejo en toda la región. Antes de hacer esta ruta,
conviene informarse en el centro de educación ambiental Puente
del Perdón (carretera M-604, kilómetro 27,600; teléfono
91 869 17 57).
Castaño del Cotanillo
Nada más dejar atrás la última casa de Zarzalejo,
justo en el kilómetro 8 de la carretera que sube al puerto de
la Cruz Verde (M-533), surge a mano derecha una empinada calle que el
paseante habrá de remontar hasta dar con un depósito de
agua, para luego seguir por la linde de un pinar que le llevará,
a media hora del inicio, junto al castaño más antiguo de
Madrid. Tres siglos lleva este coloso campeando a media ladera de la
Machota Alta: 23 metros es su altura, 26 tiene el vuelo de su copa y
4,90 de perímetro la base de su tronco. Otros castaños
notables son los que asombran el paraje de la Fuente del Rey, para llegar
al cual hay que salir del pueblo por la calle del mismo nombre y recorrer
medio kilómetro. Préstese atención al árbol
que crece sobre unos canchos de granito, 40 metros antes de la fuente.
(www.sierraoeste.org/zarzalejo.htm). |