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  Casas Rurales  
 
RUTA nº 323
79

Para verano, otoño e invierno Desnivel de 100 a 200 metros

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Castilla-León  PROVINCIA DE AVILA
CASTAÑAR DE EL TIEMBLO

AL AMOR DEL 'ABUELO'
Enormes árboles seculares pueblan la garganta de la Yedra, en el sector más oriental de la sierra de Gredos

 
 
El Tiemblo tiene su acceso más directo por la 'carretera de los pantanos' (M-501), que se toma por la de Extremadura (N-V) a la altura de Alcorcón, para luego enlazar en San Martín de Valdeiglesias con la de Ávila (N-403). Desde El Tiemblo hasta el merendero donde principia la caminata hay otros ocho kilómetros de pista forestal en buen estado
hay un par de fuentes a lo largo del recorrido
el verano, por el frescor que reina en la espesura, y el otoño, por la luz dorada que se filtra entre las hojas pardas y amarillas de los castaños, son las estaciones más agradables para efectuar esta ruta
sendas
sin señalizar
Jorge Lobo, en la guía 'Andar por la sierra de Gredos' (Libros Penthalón); Carlos de Hita, en 'Excursiones inéditas para el otoño' (Anaya), y José Luis Rodríguez, en 'Serranía de Gredos, el espinazo pétreo de Castilla' (Edilesa), recomiendan y describen diversos itinerarios a pie por el castañar de El Tiemblo
hojas 16-22 (Navaluenga) y 17-22 (San Martín de Valdeiglesias) del S.G.E. o las 556 y 557 del I.G.N.
 

En la ladera del Etna, al norte de Catania (Sicilia), no ha mucho que aún vivía el Castaño de los Cien Caballos, del cual se cuenta que guareció bajo su copa a la reina Juana de Aragón con otros tantos jinetes de su compaña –en el siglo XVIII, la mata tenía 15 metros de diámetro, y a finales del XIX, cuando apenas quedaban restos del árbol padre, la cepa frisaba los 53 de circunferencia–; en Poqueira (Granada), durante la guerra de las Alpujarras, un morisco tejedor habitaba en el tronco huero de un castaño, con su prole, su telar y todo el ajuar; en Béjar (Salamanca), hacía lo propio un tornero, quien a más ampliaba casa y negocio fabricando vasos con su madera; en Hervás (Cáceres), otro castaño aprovechaba para encerrar un toro... Pues bien: siendo todos ellos enormes, ninguno hubiera hecho menos al 'Abuelo' de El Tiemblo, que, con sus 16 metros de perímetro, sigue retoñando como hace cientos de primaveras y asombrando –en las varias acepciones del verbo– a cuantos se cobijan en las entrañas de su alma generosa y patriarcal.

El 'Abuelo' de la savia lenta, el viejo de la savia sabia, reina en el bosque que puebla la cabecera de la garganta de la Yedra, cauce de un amenísimo arroyo –tributario del Alberche– que nace en el extremo oriental de la sierra de Gredos, casi en la raya entre El Tiemblo y Rozas del Puerto Real, municipios linderos de Ávila y Madrid en los que el 'Castanea sativa', especie típica del norte y del occidente peninsulares, tiene una de sus habitaciones más céntricas y peregrinas. Y en verdad que es un gozo poder pasearse, a tan sólo una hora de la reseca capital, por este reino encantado en el que las hojas aserradas rasgan la brisa mañanera con un runrún de magostos y castañadas, con un eco de lluvias oceánicas, de silencios, penumbras y soledades de un septentrión ¡tan lejano!

Saliendo de la localidad abulense de El Tiemblo en dirección a Madrid, poco antes de llegar a la gasolinera, habrá que tomar a la derecha por una carreterilla señalizada hacia la urbanización Buenavista, la cual se adentra en la garganta de la Yedra sepenteando por un fragante bosque de pino resinero. A unos cuatro kilómetros, el asfalto se troca en pista de tierra en el preciso lugar en que se alza el monumento a Félix Rodríguez de la Fuente, naturalista que anduvo por estos parajes rodando uno de sus documentales sobre el buitre negro –la más grande rapaz de Eurasia, con casi tres metros de envergadura y 14 kilos de peso, en grave peligro de extinción y de la que aquí anidan cerca de 70 parejas–; por esta pista forestal deberá continuarse hasta el kilómetro ocho, en que, nada más cruzar el arroyo de la Garganta por un puente de piedra, se hallará una pradera infestada de domingueros, barbacoas y todoterrenos, un sitio idóneo para aparcar el coche y salir pitando.

Desde el merendero, el excursionista distinguirá sin dificultad la senda que se interna en el castañar a través de una cancela, y por ella ascenderá hasta alcanzar, en cosa de diez minutos, un destartalado refugio ante el que se bifurca el camino; medio centenar de metros a su espalda se erige el 'Abuelo', con su desmesurado tronco abierto a la curiosidad del caminante, como la boca de uno de esos gigantes de cuento que se tragan sin querer algún niño mientras duermen la siesta. Tomando en dicha bifurcación –al igual que en las sucesivas– el ramal de la izquierda, el excursionista ganará en media hora el collado de la Llanada, donde hay buenas vistas hacia el sur, sobre el valle del Tiétar, y buena caza de torcaces, como lo delata un puesto de espera encaramado en un anciano roble.

Contemplado el panorama a vista de paloma, el caminante volverá sobre sus pasos para desviarse de nuevo a la izquierda hacia la fuente del Resecadal y, más adelante, el arroyo de la Yedra, cuyas aguas le indicarán la dirección para completar la gira entre prados rozagantes, alisedas, avellanos y castaños de Abuelo y muy señor mío.

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