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RUTA nº 310
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Para verano, otoño e invierno Desnivel de 600 a 700 metros
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Castilla-León  PROVINCIA DE AVILA
EL TOROZO

EL PICO DEL PUERTO DEL PICO
Esta cima acantilada de 2.018 metros es el mejor mirador del barranco de las Cinco Villas, en Gredos

 
 
al puerto del Pico, punto de partida de esta excursión, se va por la carretera M-501 (de Alcorcón a Plasencia por San Martín de Valdeiglesias) hasta Ramacastañas, donde se debe coger la N-502 en dirección a Ávila. Otra opción es ir por la carretera de Extremadura (N-V) hasta Talavera de la Reina, y allí desviarse hacia Ávila por la N-502
hay varias fuentes a lo largo del recorrido
la dificultad media corresponde al verano, que es la época más recomendable. El resto del año la nieve, la niebla o la lluvia pueden entorpercerla sobremanera
sendero
señalizado con grandes hitos de piedra
Carlos Manuel Martín Jiménez es el autor de 'Rutas para descubrir la sierra de Gredos' (Ámbito Ediciones), una excelente guía, bien escrita y mejor fotografiada, en la que se proponen diversas excursiones por esta serranía, incluida la ascensión al Torozo
el cabrito y el cochinillo son los pilares culinarios de una comarca que no se distingue por la gran calidad de sus restaurantes; sólo cabe destacar El Bodegón (tel.: 920-37 1379), en Arenas de San Pedro. En San Esteban del Valle, la Posada de Esquiladores (tel.: 920-38 3498; www.rusticae.es) es un antiguo almacén de coloniales –tal como acreditan sus escaparates– transformado en un coqueto hotelito de12 habitaciones, todas ellas decoradas con exquisito gusto. Sorprende la bodega-cueva excavada en el sótano en 1813 y que ha sido cuidadosamente iluminada. Precio medio
mapa 15-23 (Arenas de San Pedro) del S.G.E.o la hoja 578 del I.G.N.
se aconseja llevar protección contra el sol –crema, gafas, sombrero...–, ya que no encontraremos un sola sombra en toda la jornada
 
El Torozo es la mole pelada de granito y 2.021 metros de altura que se yergue a naciente del puerto del Pico, a manderecha si se mira desde Mombeltrán, que es la villa donde los turistas que suben al puerto procedentes de Arenas de San Pedro se detienen a hacerse la foto de rigor: en primer término, los retratados, atentos al pajarito; en segundo, el castillo de don Beltrán de la Cueva (1440-1492), privado de Enrique IV 'el Impotente' y padre probado de la princesa Juana, apodada por eso 'la Beltraneja'; y en lontananza, la muralla gris del Torozo recortándose como al acero contra el cielo más o menos azul de Ávila, según el día y la película que se utilice.

Otras fotos que gustan mucho son las que suelen hacerse en el puerto del Pico. Aquí hay variedad de motivos para elegir: hay la moderna señal que nos sitúa a 1.352 metros sobre el nivel del mar –666 metros más abajo, pues, que la cima del Torozo– y el anciano mojón que informa: “A Ávila, 10 leguas; a Madrid, 29 leguas”. Hay además una famosa calzada romana, una fuente de agua tan fría que anestesia, un monolito consagrado a los ingenieros de Caminos y un mirador –no decimos lo que se ve porque se verá mucho mejor desde el Torozo– con aparcamiento y grata sombra de árboles donde vamos a dejar el coche para comenzar nuestra andadura.

La tentación, en el puerto del Pico, es subir directos a la cresta del Torozo, como las cabras monteses cuando los gárrulos domingueros las persiguen con su cámaras de usar y tirar, ésas de 'flash' hasta a pleno sol. Pero el camino bueno, para bípedos con seso, da un rodeo por la ladera septentrional, con mucho la más suave y andadera del monte, sobre todo si se compara con la meridional, que es puro acantilado. Y es que esta sierra de Gredos, como todo el Sistema Central, presenta un claro dimorfismo entre la vertiente que mira plácidamente a la alta Meseta norte y la que se asoma bruscamente a la más baja Meseta sur. Más que una sierra, semeja un escalón.

Tomando como referencia la casa de grandes cristaleras que se alza a la vera del puerto, seguiremos la senda que nace en su esquina suroriental, la que apunta al Torozo, y que está señalizada con montoncitos de piedras. Aunque muy pronto, nada más franquear una rústica portilla de alambre, las señales son ya lajas verticales de hasta metro y medio de alto, por lo que alguien ha propuesto con toda razón llamarle la 'senda de los Menhires'. Imposible perderse.

La subida, de dos horas, consta de cuatro etapas de similar duración. La primera media hora, ascenderemos en fuerte repecho hasta el raso que ocupa un chozo con cubierta de piorno; la segunda, más descansada, zigzaguearemos hasta localizar la fuente del cerro Pedrique, señalada con letrero de forja; la tercera, nos asomaremos al barranco por el que corre el arroyo de la Huella del Gallego y subiremos por él hasta un refugio con fuente. Y la cuarta, y última, coronaremos un collado de 1.930 metros de altura, donde giraremos a la derecha para llegar por la cresta pedregosa hasta la cercana cima, donde hay vértice geodésico, cruz de hierro y buzón montañero.

Son tantos los montes que se avistan desde el Torozo que, aunque uno no se canse nunca de mirarlos, debe admitir que sería interminable cosa hacer la lista y más aburrido aún tener que leerla. Baste decir que se ve desde el Almanzor de Gredos hasta la Maliciosa del Guadarrama, cumbres que distan 125 kilómetros en línea recta.

Más impresionante, si cabe, es la vista cenital sobre el valle feraz que salpican las llamadas Cinco Villas, cinco aldeas blancas y risueñas que, de derecha a izquierda, son: Cuevas del Valle, sita al cabo de la culebreante calzada romana; Mombeltrán, al amor de su castillo; Villarejo del Valle, a los pies mismos del Torozo; Santa Cruz del Valle, en el extremo meridional del barranco; y Esteban del Valle, cuya tremenda picota de cuatro metros imponía antaño casi tanto respeto como los dos kilómetros largos del Torozo.

El regreso, por el mismo camino

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