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RUTA nº 179 PROVINCIA DE AVILA Distancia desde Madrid: 155 Kms.
Castilla-León  LAGUNA GRANDE DE GREDOS
ESPEJO DE GIGANTES
Este remanso de agua pura de ocho hectáreas refleja los picos mas altos del Sistema Central

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a Hoyos del Espino se va por la carretera M-501 (de Alcorcón a Plasencia por San Martín de Valdeiglesias) hasta Ramacastañas y luego por la N-502 (dirección Ávila) hasta Venta de Rasquilla, donde hay que desviarse por la C-500. No obstante, su acceso más rápido es por la carretera de A Coruña (A-6) hasta Villacastín, para seguir por la N-110 hasta Ávila y por la N-502 hasta Venta de Rasquilla. Antes de entrar en Hoyos, aparece señalizada la AV-931 hacia la plataforma de Gredos, donde comienza la excursión
varias a lo largo del recorrido. Sendero pedregoso muy transitado, con letreros
se recomienda para primavera, verano y otoño
Rafael Serra es el autor de 'Las sierras de Gredos y Béjar' (Anaya), una de las muchas guías donde se describe esta clásica excursión. Para prolongar la ruta desde la laguna hasta el pico Almazor, puede consultarse 'Rutas y paseos por lagunas y gargantas de Gredos' (Sua Edizioak), de Javier Sánchez y Álvaro Barrero
hoja 14-23 (Bohoyo) del S.G.E. o bien la 577 del I.G.N.
en época de nieve puede resultar peligrosa si no se dispone de experiencia y material adecuado

Que una joya lacustre del tamaño de 16 campos de fútbol, enmarcada por un fiero circo de granito sobre el que señorea la más alta cumbre de Gredos y del Sistema Central –Almanzor, 2.592 metros–, sea admirada todos los fines de semana soleados por un millar de personas no es nada de extrañar, ni de lo que pueda culparse a nadie. El camino es una romería, es verdad, pero también es cierto que los domingueros andan muy comedidos, y que no veréis basuras, meoncillos cazando ranas, quintos despeñando cabras, ni barbaridades por el estilo, y que a pesar de la muchedumbre merece la pena subir a contemplar el paisaje más bello de Castilla.

Hoy a la laguna Grande se sube descansadamente, en dos horitas y pico, desde la plataforma de Gredos, sita a 1.770 metros de altura, al final de una carretera de 12 kilómetros que nace en el pueblo abulense de Hoyos del Espino. Pero antaño, cuando la comodidad del asfalto no existía y esas dos primeras leguas debían cubrirse a pie o en burro –tal cual hacían, obligados por su oficio, los vaqueros o los estraperlistas que cruzaban la sierra por el puerto de Candeleda–, no era un plan tan regalado, y de ahí seguramente que las gentes se inventaran mil pretextos para no acercarse a la laguna.

Había la leyenda –recogida por Cela en 'Judíos, moros y cristianos'– de una alta dama de la Vera de Plasencia, embrujada por un mal querer, que vivía en el fondo de la laguna haciendo desenamorarse a las doncellas que se miraban en sus aguas. Corría la hablilla –consignada por Baroja en 'La dama errante'– sobre bestias acuáticas capaces de devorar a un buey y no dejar de él “más que los bofes, que sobrenadaban en la superficie del lago”. Y se contaba –como anotó el explorador Gregorio Aznar en 1834– que la laguna se comunicaba subterráneamente con el mar, lo que sin duda era una convincente razón para no pisar un lugar en que, de un resbalón, podías acabar haciendo compañía a las merluzas del Gran Sol.

Del gran aparcamiento –capaz para más de cien coches– que hay en la plataforma, se sale caminando por una senda enlosada cual calzada romana que sube zigzagueando hacia el puerto de Candeleda. A los diez minutos, no obstante, se presenta un desvío evidente –más que nada, porque es el que sigue todo quisque– a la derecha, que atraviesa el llano herboso del prado de las Pozas, cruza la garganta del mismo nombre por un puente de cemento y se encarama culebreando al ingente espolón rocoso de los Barrerones.

Como a una hora y media del inicio, y al poco de trasponer la divisoria de los Barrerones por la cota de los 2.160 metros, se ofrece a la vista un panorama grandioso de cumbres y portachos: el Morezón (2.365 m.), los Tres Hermanitos, la portilla de los Machos –cabríos, se entiende–, el Casquerazo (2.437 m.), el cuchillar de las Navajas, la portilla Bermeja, el Almanzor (2.592 m.), el cuchillar de Ballesteros, la Galana (2.568 m.)... Éste es, en definitiva, el vertiginoso circo de Gredos, la Plaza del Moro Almanzor o, al decir de los pastores, el Recuenco de Almanzor, a cuyos pies yace –visible también desde aquí– la laguna Grande que los mismos pastores bautizaron, en atención a su forma, Riñón del Recuenco.

“La laguna de Gredos”, ha escrito Cela, “es un inmenso riñón de agua nítida y bien filtrada, de agua tan bella y pura que casi dan ganas de bebérsela”. Emplazada a 1.950 metros de altura –a una hora escasa bajando por un camino empedrado desde los Barrerones–, la laguna tiene una longitud máxima de 600 metros, un profundidad de 40 y ocho hectáreas de superficie. Las truchas, y endemismos como el sapo de Gredos y la salamandra del Almanzor, son las bestias, no muy fieras, que la habitan. Y los únicos seres hechizados son los montañeros que ocupan todos los sábados el refugio Elola, en la orilla occidental, soñando con la ascensión dominical al Almanzor, que, si hay salud, algún día les contaremos.

El regreso, por el mismo camino.

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