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RUTA nº 165 PROVINCIA DE AVILA Distancia desde Madrid: 130 Kms.
Castilla-León  LOS GALAYOS
ESPADAS DE GRANITO
Estas agujas pétreas de 300 metros forman el paisaje mas abrupto de Gredos y todo el Sistema Central

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se va a Guisando por la carretera M-501 (de Alcorcón a Plasencia por San Martín de Valdeiglesias) hasta Ramacastañas, desde donde hay que seguir hacia Arenas de San Pedro y Guisando. Otra opción es ir por la carretera de Extremadura (N-V) hasta Talavera, y allí desviarse en dirección a Ávila por la N-502. La excursión comienza en el aparcamiento del Nogal del Barranco, a tres kilómetros de Guisando
alguna a lo largo del recorrido, senda empedrada. Con diversas señales y muy transitada
recomendada para otoño, primavera y verano; en esta última estación, el río Pelayos ofrece al fatigado caminante varias pozas de agua cristalina
Javier Sánchez y Álvaro Barrero son los autores de la guía 'Rutas y paseos por lagunas y gargantas de Gredos' (Sua Edizioak), donde se describe con detalle esta clásica excursión. También lo hacen Rafael Serra en la ecoguía 'Las sierras de Gredos y Béjar' (Anaya) y Jorge Lobo en 'Andar por la sierra de Gredos' (Penthalon)
hoja 15-23 (Arenas de San Pedro) del S.G.E. o la 578 del I.G.N.

Galayo, que en castellano significa “prominencia de roca pelada que se eleva en un monte”, viene del latín 'gladius', espada. ¿Y qué otra cosa son los famosos Galayos de Gredos, sino gigantescas espadas de granito? Espadas forjadas en frío por la gelifracción; esto es, por el agua que se expande rompedora al helarse en las grietas de la roca, en un proceso análogo al que hace reventar la gruesa botella de cava olvidada en el congelador. Así, olvidado del mundo, el roquedo ha ido afilándose de continuo en las noches de invierno hasta formar un ejército de pétreas tizonas, alguna de 300 metros de altura, el más fiero de cuantos campan en el Sistema Central.

Nervios bien templados, como de acero, tenían los valientes de la sociedad Peñalara que, capitaneados por Antonio Victory, atacaron en 1916 los Galayos sin más armas que unas cuerdas de cáñamo y unas abarcas artesanas que hoy no servirían ni para bailar una jota. Suya fue la gloria de la primera ascensión al Gran Galayo, máxima altura del serrijón (2.235 metros), y a la Punta Don Servando. Otros peñalaros escalarían en 1933 el Torreón de los Galayos, tenido por inaccesible. Siete décadas después, este galayo permanece como símbolo en el escudo de la Federación Española de Montañismo y como emblema de la escalada en Castilla.

Camino de los Galayos, en la escarpada solana de Gredos, está Guisando, pueblo abulense que nada tiene que ver con los toros ibéricos del mismo nombre, que caen a 60 kilómetros hacia el este, en El Tiemblo, junto a la raya madrileña de San Martín de Valdeiglesias. “Guisando, al pie de los Galayos, es quizá el pueblecito de más bellas vistas de toda España”, ha escrito Cela, y también que “Guisando es caserío blanco como la paloma y sosegado igual que el agua de la fuente clara”. Ha loado sus florecidos soportales de madera, su noble mansedumbre (“En Guisando jamás mataron a ningún forastero por negarse a pagar la ronda; todo lo más, le sacudieron un par de garrotazos”) y la hermosura de sus “mozas de trenza de oro, de rosada color, de claros ojos”, tal vez por aquello que se dice de que Guisando lo fundaron, o acrecentaron, los ingleses durante la guerra de la Independencia. Todo pudiera ser.

A tres kilómetros de Guisando, subiendo por carretera asfaltada, queda la plataforma del Nogal del Barranco, lugar de aparcamiento, chiringuitos, monumento a la cabra montés y nacimiento de un camino fetén, empedrado en muchos de sus tramos, que zigzaguea sin cesar a fin de salvar el gran desnivel, de cerca de 800 metros, que hay entre las patas de la cabra y los cuernos de los Galayos.

Llevando en todo momento a nuestra izquierda la garganta del río Pelayos, saldremos del resinero pinar al piornal, y del piornal al desnudo canchal, para llegar en dos horas a la fuente del Amanecer y, acto seguido, a la Apretura, paraje donde el barranco se empina y estrecha aprisionado entre las espadas de los Galayos y las paredes orientales de la Mira (2.543 metros), y donde el río forma una vistosa cascada cuando es época de cascadas. Poco más arriba, tras pasar un vado, el camino continúa su ascensión por la orilla contraria aferrado a la roca como una serpiente de escalera.

Media hora más y habremos alcanzado el refugio Victory, que fue inaugurado el 16 de octubre de 1949 y bautizado así en honor del mentado pionero de los Galayos. Siempre habrá quien todavía tenga fuerzas para subir a la Mira, pero a nosotros nos parece que bastante trepa es ya ésta y bastante buen mirador el refugio, estando como está frente por frente de la Punta Amezúa, la Aguja Negra, la Punta María Luisa, la Punta Olvidada... y la espada vertiginosa del Torreón. En todas ellas, docenas de escaladores prueban sin cesar sus habilidades de cabra montaraz; mientras que en el rellano del refugio, probando los restos del almuerzo de los escaladores, se quedan las cabras de verdad, que ya lo han demostrado todo.

El regreso, por el mismo camino.

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